Los objetivos de nuestra Fundación

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Objetivos de la Fundación SoberanaMente: 

  1. LA INVESTIGACIÓN, para explorar nuevos conocimientos sobre la mente. 
  2. LA DOCENCIA, para enseñar a alumnos y profesionales de las Ciencias de la Salud.
  3. LA PROMOCIÓN, para ayudar al público en general a cuidar su Salud Mental. 

Para concretar estos objetivos, los Directores de la Fundación Soberanamente junto a otros profesionales de la Salud, desarrollan actividades en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (Argentina) y en el interior del país (Argentina) a través de la organización de charlas, seminarios, encuentros, jornadas, clases, talleres, cursos presenciales y virtuales, entre otras, como así también la difusión de artículos.

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Lic. Margarita Rodríguez Suárez – Lic. Prof. Pablo Cazau 

Algunas características de las creencias disfuncionales

 

Una creencia disfuncional es una creencia que influye sobre la forma de sentir y actuar de manera tal que se constituye en una fuente de infelicidad, malestar o insatisfacción permanente para el mismo sujeto o para quienes le rodean. Tal es la forma en que la psicología cognitiva suele entender el trastorno mental. Por ejemplo, “nadie puede amarme” (creencia) hará que evitemos sentir amor por otros porque siempre seremos traicionados, que nos aislemos de los demás o que desconfiemos de una caricia rechazándola. De la misma forma, la creencia “estoy gorda” hará que la persona no coma y corra el riesgo de convertirse en anoréxica. O también, “a mí no puede pasarme nada malo” podrá desencadenar un episodio maníaco que puede poner el peligro la vida o el patrimonio de una persona.

Las creencias funcionales, en cambio, son fuentes de satisfacción o bienestar permanente para el mismo sujeto y para quienes lo rodean. No son necesariamente verdaderas en el sentido empírico (o sea, que se ajusten a la realidad): una creencia funcional puede fundarse en el criterio de la autoridad, como “Dios me ayudará en este trance”.

Las creencias disfuncionales pueden agruparse a partir de ciertas características, como por ejemplo las siguientes: a) Maniqueísmo.- Las cosas son blancas o negras, sin términos medios (“este tipo es malo por donde lo mires, y no tiene nada rescatable”, “este tipo es maravilloso, no tiene defectos”, o “si no me sale perfecto, ni lo intento”). b) Sobregeneralización.- Generalización exagerada, carente de fundamento (“todas las mujeres son traicioneras”, “nadie me puede ayudar”). c) Catastrofismo.- Tendencia a pensar siempre lo peor (“me duele la cabeza: debo tener una enfermedad incurable”). d) Autoimagen distorsionada.- Creencia según la cual uno mismo se considera más capaz o valioso de lo que es, o menos capaz o valioso de lo que es (“todo lo que hago me sale mal”, o “nunca me equivoco”). e) Predestinación.- Creencia según la cual nada puede cambiarse en este mundo (incluyendo las propias creencias) y por lo tanto cualquier esfuerzo por hacerlo carece de sentido (“no puedo cambiar”). f) Atribución externa.- Creencia según la cual las cosas suceden por causas externas cuando en rigor suceden por causas internas (“soy agresivo porque los demás me obligan a serlo”). g) Pensamiento mágico.- Creencia que ciertos pensamientos o acciones producen determinados efectos cuando no hay pruebas objetivas de ello (“si cruzo los dedos ganará mi equipo de fútbol”, o “si me porto bien seré recompensado”).

Extraído de Cazau P (2014) La psicología cognitiva.

Cómo desarrollar la resiliencia proactiva

Resiliencia proactiva: es la que podemos ir desarrollando como “preparación” para enfrentarnos con las dificultades de la vida. Es preventiva. Es el tipo de resiliencia ideal para enseñar a los niños. El conocimiento de los factores de resiliencia ya nos fortalece, aunque aún no hayamos pasado por situaciones de adversidad (y esperando siempre no tener que atravesarlas). Pero si ocurren, no estamos exentos, nos encontrará mejor preparados.”

“La resiliencia proactiva podemos desarrollarla en nuestra vida cotidiana en situaciones sin conflicto. Veamos cómo:

Estamos desarrollando resiliencia si trabajamos internamente en la observación y conocimiento de nuestro funcionamiento mental, reconociendo nuestras distorsiones de pensamiento y abriéndole la puerta a la humildad: todos podemos equivocarnos y todos podemos tener puntos de vista diferentes.

Desarrollamos resiliencia si reconocemos nuestras emociones, permitimos que cada una aparezca y permanezca en los lugares e intensidad adecuados, tratando que ninguna de ellas sobrepase el límite que nos genere malestar.

Estamos desarrollando nuestra resiliencia cuando conscientemente intentamos comprender a otros, despertamos nuestra empatía e intentamos que haya buenos tratos y diálogo en nuestras relaciones. Cuando actuamos desde la paz, y no desde la agresividad, la violencia o la venganza.

También la desarrollamos cuando revisamos nuestros apegos, hacemos algún esfuerzo consciente para no quedar atrapados en ellos y tomamos decisiones en dirección a nuestros deseos, nuestro crecimiento y nuestra salud.

Cuando podemos reírnos de nosotros mismos, de nuestros errores y nuestras torpezas, cuando nos hacemos una caricatura de nosotros mismos. También cuando apreciamos y valoramos el mundo que nos rodea y las condiciones tanto internas como externas de la vida. La gratitud es un valor que aumenta la alegría interna, y esa alegría puede mantenerse aún ante situaciones adversas.

Desarrollamos resiliencia cuando somos capaces de crear un nuevo orden del caos. En pequeña escala, cuando somos capaces de ordenar una habitación desordenada, reparar algo roto, buscar posibilidades para comenzar un nuevo camino después de sentirse devastado.

Cuando sentimos que hemos renacido, recomenzado, como el ave fénix, saliendo de la adversidad y volviendo a volar, cuando creíamos que ya nuestras alas no tendrían fuerzas para hacerlo. Para eso hemos tenido que aceptar las condiciones de la realidad, aceptar que esos hechos sucedieron y que si bien no podemos volver el tiempo atrás, podemos re significar lo sucedido para seguir viviendo.

Y finalmente, la resiliencia en su más alto grado la desarrollamos al encontrarle un sentido a lo que sucedió. Cuando se encuentra el sentido, se puede trascender. Se puede salir de uno mismo para que lo aprendido alcance a otros que lo necesiten.”

Margarita Rodríguez Suárez

de “Fortalecidos – De vínculos resilientes” de Margarita Rodríguez Suárez/ Pablo Cazau (Fundación Soberanamente, 2018)

La presión social

Todos nosotros siempre tenemos expectativas acerca de cómo deben comportarse nuestros semejantes. Esperamos que nuestra pareja sea fiel, esperamos que nuestros hermanos nos ayuden a cuidar a nuestros padres, esperamos que nuestros hijos se porten bien en la escuela, esperamos que los demás sean puntuales, esperamos que el vecino nos salude, esperamos que nuestros alumnos estudien, esperamos que nuestros conocidos no nos ninguneen, esperamos que los amigos nos contengan en momentos difíciles, esperamos que nuestros compañeros hinchas de River griten también un gol, esperamos que los demás vayan bien vestidos a una fiesta de gala, esperamos que la gente limpie la ropa si se le cayó salsa encima, esperamos que los otros piensen o sientan igual que nosotros.

Esperamos, esperamos, esperamos.

Siempre habrá gente que nos va a cuestionar por lo que hicimos, por lo que no hicimos, por lo que sentimos, por lo que no sentimos, por lo que pensamos o por lo que no pensamos. Se trata de la llamada presión social.

Hay quienes cumplen obsesiva y masivamente con estas expectativas, con el fin de agradar a los demás (tal vez porque nunca fueron apreciados y están siempre temiendo ser rechazados). Otros lo hacen por conveniencia, ya que si cumplen con lo que se espera de ellos obtendrán algún tipo de beneficio (dinero, trabajo, etcétera).

En principio la presión social ayuda a que la sociedad se mantenga unida y no se disgregue generando conflictos entre las personas. Sin embargo, su lado oscuro puede hacer que las personas sean todas iguales y no puedan desplegar sus individualidades. En tal caso la sociedad se convertirá en algo parecido a una secta y no podrá evolucionar porque nadie podrá disentir.

Nuestras sugerencias: a) si te critican por tu comportamiento, no te sentirás mal si entendés que no te critican por ser mala persona sino simplemente por algo que hiciste, que no hiciste, que pensaste, que no pensaste, que sentiste o que no sentiste; b) si te comportaste fuera de las expectativas de los demás, preguntate si eso es algo beneficioso o no para vos y para el conjunto de la sociedad; y c) si estás podrido de las presiones sociales, escapate unos días a la montaña. A medida que subas no sólo habrá menos presión atmosférica sino también menos presión social. Podrás hacer exactamente lo que quieras y nadie te criticará, salvo que hayas incorporado las normas sociales y saludes a las aves, aunque no sea eso lo que esperan de vos.

Pablo Cazau