Los objetivos de nuestra Fundación

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Objetivos de la Fundación SoberanaMente: 

  1. LA INVESTIGACIÓN, para explorar nuevos conocimientos sobre la mente. 
  2. LA DOCENCIA, para enseñar a alumnos y profesionales de las Ciencias de la Salud.
  3. LA PROMOCIÓN, para ayudar al público en general a cuidar su Salud Mental. 

Para concretar estos objetivos, los Directores de la Fundación Soberanamente junto a otros profesionales de la Salud, desarrollan actividades en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (Argentina) y en el interior del país (Argentina) a través de la organización de charlas, seminarios, encuentros, jornadas, clases, talleres, cursos presenciales y virtuales, entre otras, como así también la difusión de artículos.

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Lic. Margarita Rodríguez Suárez – Lic. Prof. Pablo Cazau 

Personas problemáticas y relaciones problemáticas

Personas problemáticas son aquellas que perturban nuestra vida generándonos un malestar significativo, y hasta tanto no hayamos podido expulsarlas de nuestra existencia, seguiremos manteniendo con ellas una relación igualmente problemática. El asunto resulta más difícil de resolver si de esa persona dependemos afectivamente (“la quiero”), económicamente (“me mantiene”), paliativamente, si se nos permite la expresión (“cuida mi salud”), o de cualquier otra manera.

Nadie es perfecto. Todos tenemos nuestras cosas pero ello no implica necesariamente una relación problemática.

Hay personas quejosas, celosas, obsesivas, envidiosas, intolerantes, desaseadas, racistas, aburridas, avaras, cínicas, codiciosas, descorteses, deshonestas, desordenadas, entrometidas, malhumoradas, holgazanas, pesimistas, agresivas, pegajosas, impacientes, impuntuales, indecisas, indiscretas, inflexibles, irascibles, irresponsables, posesivas, vengativas y testarudas, pero si esas características no nos perturban demasiado y quedan compensadas con atributos positivos, simplemente encajarán en una escala de problematicidad baja y seguiremos adelante con la relación. De hecho, hasta la que consideramos la mejor persona del mundo tiene algo que no nos gusta, salvo que la hayamos idealizado.

Entonces, ¿cuáles son las personas situadas en una escala alta de problematicidad, donde el balance entre lo “bueno” y lo “malo” nos obliga a deshacernos de ellas o a evitarlas? En un orden de menor a mayor, esas personas son el narcisista, el sádico y el psicópata, siendo el denominador común a todas ellas el egoísmo.

El narcisista dice “sólo me amo a mí mismo, y los demás sólo sirven para que me amen y admiren”.

El sádico dice “sólo encuentro el máximo placer haciendo sufrir a los demás sin su consentimiento”.

El psicópata dice “sólo me interesa mi propio beneficio y para ello manipulo a los demás, con quienes no empatizo, incluso si se ven perjudicados”.

De todos ellos el peor es el psicópata, más que nada porque puede ocultar su condición.

El psicópata no ha elegido ser una mala persona ni puede elegir dejar de serlo, pero si esto nos despertase compasión, seríamos una presa más fácil para ellos ya que uno de sus trucos consiste en hacerse la víctima. Los psicópatas no se reconocen a sí mismos como tales: para ellos los psicópatas son los demás.

Las etapas de la relación problemática con un psicópata son las siguientes: 1) Comienza identificando a una víctima que puede servirle para lograr sus propósitos. Los puntos débiles le permitirán controlar sus ideas, sentimientos y conductas. 2) El psicópata comienza a controlar mentalmente a la víctima (y a veces físicamente), y lo hace de dos maneras: vigilándola y manipulándola. 3) El psicópata comienza a obtener beneficios, mientras la víctima está cada vez más lastimada y desampararada. 4) Como casi siempre la víctima es incapaz de reconocer al psicópata, necesitará la ayuda de alguien de afuera para romper el vínculo. 5) El psicópata termina de controlar a su víctima cuando ésta decide finalmente alejarse de él. Probablemente se ponga agresivo, pero finalmente buscará una nueva víctima.

Pablo Cazau

Nuestra compañera inseparable de estas épocas: la ansiedad

 

¿Por qué razón «repentinamente» nos sentimos con un estado de malestar, inquietud, preocupación? ¿Por qué de pronto podemos llegar a sentir que nuestro corazón late muy fuerte y a toda velocidad? Que nos transpiran las manos o tenemos alguna sensación de mareo?

Si bien la ansiedad es una emoción normal y adaptativa que nos mueve a la acción, algunas veces sobrepasa un umbral y nos genera un intenso malestar psicofísico que hasta puede llegar a paralizarnos e inclusive a provocarnos trastornos. 

¿Qué dispara nuestra ansiedad?

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La sexualidad normal y las disfunciones sexuales

Normalmente, las fases o etapas de la actividad sexual son cuatro:

1) Deseo.- Aparece un interés por realizar el acto sexual, frecuentemente acompañado de fantasías.

2) Excitación.- Aparece una sensación de placer acompañada de cambios corporales. Los más importantes en el varón son la hinchazón y luego la erección del pene, acompañadas de lubricación (estar “mojado”). En la mujer son la expansión y lubricación de la vagina, así como la hinchazón de sus genitales externos (labios mayores, labios menores y clítoris).

3) Orgasmo.- El placer sexual alcanza un punto culminante, donde el varón tiene una eyaculación y la mujer contracciones en la pared de la vagina (que no siempre experimenta subjetivamente).

4) Resolución.- Aparece una sensación de relajación muscular y bienestar general.

Todo este ciclo puede repetirse inmediatamente en el caso de la mujer, o luego de un tiempo variable en el caso del hombre.

Cuando alguna o algunas de estas fases no pueden cumplirse adecuadamente, o cuando se experimenta un dolor significativo en algún momento de la actividad sexual hablamos de una disfunción sexual, que puede afectar tanto a la mujer como al hombre. Por ejemplo si hay deseo pero no hay excitación (por ejemplo disfunción eréctil en el varón), o si hay excitación pero no hay orgasmo (anorgasmia en ambos sexos, donde el orgasmo no existe o es insuficiente).

Las causas de las disfunciones sexuales pueden ser físicas (una enfermedad médica, una sustancia química), psíquicas (miedos, prejuicios), interpersonales (pareja inadecuada) o alguna combinación de estos factores. Si la persona no puede resolver el problema deberá entonces consultar al médico, al psicólogo o cambiar de pareja.

Pablo Cazau