Los objetivos de nuestra Fundación

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Objetivos de la Fundación SoberanaMente: 

  1. LA INVESTIGACIÓN, para explorar nuevos conocimientos sobre la mente. 
  2. LA DOCENCIA, para enseñar a alumnos y profesionales de las Ciencias de la Salud.
  3. LA PROMOCIÓN, para ayudar al público en general a cuidar su Salud Mental. 

Para concretar estos objetivos, los Directores de la Fundación Soberanamente junto a otros profesionales de la Salud, desarrollan actividades en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (Argentina) y en el interior del país (Argentina) a través de la organización de charlas, seminarios, encuentros, jornadas, clases, talleres, cursos presenciales y virtuales, entre otras, como así también la difusión de artículos.

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Lic. Margarita Rodríguez Suárez – Lic. Prof. Pablo Cazau 


Los objetivos de nuestra Fundación

El cambio y su resistencia ¿inherente e inevitable?

“Astrónomos hubo que se negaron a mirar el cielo a través del telescopio, temiendo ver desbaratados sus errores más firmes.” José Ingenieros, El hombre mediocre

Cuando se inventó el telescopio en el siglo XVII, marcó un hito significativo en la historia de la ciencia y la astronomía. El telescopio permitió a los astrónomos observar el cielo con mucho más detalle y claridad de lo que era posible a simple vista, lo que llevó a importantes descubrimientos y avances en nuestra comprensión del universo.

El telescopio fue inventado por el científico holandés Hans Lippershey en 1608, aunque otros también estaban trabajando en dispositivos similares al mismo tiempo. Galileo Galilei, poco después de enterarse del invento, construyó su propio telescopio y comenzó a hacer observaciones astronómicas detalladas. Algunos de sus descubrimientos más importantes incluyen las lunas de Júpiter, las fases de Venus: alrededor de la Tierra, y las manchas solares.

Estos descubrimientos y otros similares cambiaron radicalmente la comprensión del cosmos y el lugar de la Tierra en él, y sentaron las bases para el desarrollo de la astronomía moderna, y aunque el invento del telescopio fue un avance significativo en la historia de la ciencia y la astronomía, también enfrentó resistencia debido a las implicaciones científicas, religiosas y sociales de las observaciones realizadas con este dispositivo.

Las sociedades responden de diversas maneras ante los cambios y el progreso, y estas respuestas pueden variar según factores como la cultura, la historia, la política y la economía. Aquí hay algunas formas comunes en que las sociedades pueden reaccionar ante el cambio y el progreso:

  1. Resistencia inicial: Al principio, los cambios suelen enfrentar resistencia debido al temor a lo desconocido, la incertidumbre sobre cómo afectarán los cambios a la vida cotidiana y el apego a las tradiciones y formas de vida establecidas. Esta resistencia puede manifestarse en forma de críticas, protestas o esfuerzos por mantener el status quo.
  2. Adaptación gradual: Con el tiempo, las sociedades tienden a adaptarse a los cambios y al progreso a medida que se vuelven más familiares y comprenden mejor sus implicaciones. Esto puede implicar la adopción de nuevas tecnologías, la modificación de normas sociales o la reestructuración de instituciones para integrar el cambio en la vida cotidiana.
  3. Innovación y creatividad: El cambio y el progreso pueden estimular la innovación y la creatividad en las sociedades. Las personas pueden encontrar nuevas formas de abordar desafíos, mejorar la calidad de vida o desarrollar soluciones a problemas emergentes. Esto puede dar lugar a avances significativos en campos como la ciencia, la tecnología, la medicina, el arte y la cultura.
  4. Desigualdad y resistencia: A menudo, los cambios y el progreso pueden exacerbar las desigualdades existentes dentro de una sociedad. Algunos grupos pueden beneficiarse más que otros, lo que puede llevar a tensiones sociales y resistencia por parte de aquellos que se sienten marginados o perjudicados por el cambio.
  5. Transformación cultural: Los cambios y el progreso pueden tener un impacto significativo en la cultura de una sociedad, incluidos los valores, las creencias, las normas y las prácticas sociales. Esto puede manifestarse en cambios en la forma en que las personas se relacionan entre sí, en la estructura familiar, en la religión, en las formas de entretenimiento y en otras áreas de la vida cultural.

La forma en que una sociedad responde depende de una variedad de factores y puede evolucionar con el tiempo a medida que cambian las circunstancias y las percepciones.

Varios autores han abordado el tema de la resistencia al cambio desde diversas perspectivas, incluyendo la psicología, la sociología, la gestión empresarial y otros campos. Algunos autores destacados que han discutido la resistencia al cambio:

  1. Kurt Lewin: Fue un psicólogo pionero en la teoría del cambio organizacional. Lewin desarrolló el modelo de «Descongelar-Cambiar-Refrezcar» (Unfreeze-Change-Refreeze), que describe el proceso de cambio organizacional y la importancia de superar la resistencia inicial para lograr una transformación efectiva.
  2. Elizabeth Kubler-Ross: Conocida por su trabajo sobre el duelo y el proceso de afrontamiento ante la muerte, Kubler-Ross identificó una serie de etapas emocionales que las personas atraviesan cuando enfrentan cambios significativos o pérdidas. Su modelo, que incluye etapas como la negación, la ira, la negociación, la depresión y la aceptación, ha sido aplicado en diversos contextos, incluido el cambio organizacional.
  3. Peter Senge: Autor de «La Quinta Disciplina» y experto en aprendizaje organizacional, Senge discute la resistencia al cambio en el contexto de los sistemas organizacionales. Destaca la importancia de comprender las «estructuras de pensamiento» arraigadas en las organizaciones que pueden obstaculizar el cambio y propone enfoques para superar esas barreras.

El cambio y su resistencia ¿inherente e inevitable?

Budismo, estoicismo y psicología cognitiva

Por Pablo Cazau

Desde siempre el ser humano ha procurado reunir ciertos conocimientos para domesticar la mente liberándola de cosas como el sufrimiento o los pensamientos y las emociones negativas.

Tales conocimientos tuvieron que adaptarse al formato cosmovisional de cada cultura. Así, por ejemplo, como en la India del siglo V AC dominaba el formato religioso, tales saberes quedaron encorsetados en el budismo. Asimismo, como en la Grecia del siglo III AC el modelo de conocimiento era la filosofía, quedaron encorsetados en el estoicismo. Y finalmente, como en el siglo XX dominaba el modelo científico, el saber quedó plasmado en la teoría cognitiva y, más específicamente, en la psicoterapia cognitivo-conductual. En cada caso, el saber sobre el funcionamiento mental debía estar organizado, respectivamente, como una religión, como una filosofía o como una ciencia. Desde ya, en el fondo no preconizaban ideas diferentes ni reglas distintas para el control mental, porque lo que cambió solo fue la forma de presentarlas. Monjes, filósofos y psicólogos se han ocupado desde entonces, cada cual a su manera, de abordar y resolver el gran problema del sufrimiento mental mediante la formulación de reglas prácticas que algunos llamaron virtudes y otros técnicas cognitivas.

Otro ejemplo de adaptación al formato cosmovisional tuvieron como protagonistas a los conocimientos sobre la realidad del mundo, no de la mente. En la Grecia antigua dominaba la religión, con lo cual el mundo se explicaba a partir de las voluntades de los dioses. Siglos más tarde, hacia el V AC, todo lo que mucho más tarde fue saber científico debía quedar encorsetado en el formato de la filosofía, a punto tal que las ciencias eran consideradas “filosofías segundas” y, aún después del Renacimiento, a los científicos se los seguía designando como filósofos naturales. Recién en el siglo XIX terminó popularizándose e imponiéndose la primera expresión. En estos casos, como dijimos, ya no se trataba de resolver el problema de la mente, que es interior, sino el otro gran problema del hombre que era la realidad exterior.


Budismo, estoicismo y psicología cognitiva

Vejez y sabiduría

por Pablo Cazau

Desde hace milenios, diversas culturas han venerado la sabiduría de los ancianos, y hoy en día las neurociencias tienden a confirmar esta idea. He aquí algunas conclusiones que fueron publicadas en el New England Journal of Medicine.

1) El cerebro de los jóvenes es más rápido, pero en de los ancianos tiene más flexibilidad, especialmente desde los 60 hasta los 90 años.

2) El cerebro de las personas mayores es más práctico y toma decisiones más correctas eliminando información innecesaria.

3) Puede resolver mejor los problemas y es más creativo al utilizar armoniosamente ambos hemisferios cerebrales y al aumentar con el tiempo la mielina, sustancia que facilita la comunicación neuronal.

4) Las habilidade intelectuales no disminuyen sino que crecen con la edad, especialmente a partir de los 70 años, alcanzando un pico entre los 80 y 90 años.

5) Estas características no vienen solas. Se adquieren y se potencian si la persona mayor hace una vida saludable, ejercita su mente y su cuerpo, aprende o practica manualidades, música,  pintura, literatura o baile, mantiene un contacto activo con amigos o familiares, viaja o hace planes para el futuro y alimenta pensamientos positivos.


Vejez y sabiduría