Los objetivos de nuestra Fundación

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Objetivos de la Fundación SoberanaMente: 

  1. LA INVESTIGACIÓN, para explorar nuevos conocimientos sobre la mente. 
  2. LA DOCENCIA, para enseñar a alumnos y profesionales de las Ciencias de la Salud.
  3. LA PROMOCIÓN, para ayudar al público en general a cuidar su Salud Mental. 

Para concretar estos objetivos, los Directores de la Fundación Soberanamente junto a otros profesionales de la Salud, desarrollan actividades en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (Argentina) y en el interior del país (Argentina) a través de la organización de charlas, seminarios, encuentros, jornadas, clases, talleres, cursos presenciales y virtuales, entre otras, como así también la difusión de artículos.

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Lic. Margarita Rodríguez Suárez – Lic. Prof. Pablo Cazau 

Alimentación y mente

 

Diversas investigaciones han constatado la influencia de la alimentación sobre la mente. Hay alimentos que favorecen el buen humor, la agilidad mental o la memoria, mientras que otros producen ansiedad o depresión creando las condiciones para el surgimiento de esos pensamientos negativos que tan poco contribuyen al bienestar de las personas.

Una buena alimentación no sólo disminuye las probabilidades de enfermarnos físicamente, sino también las de enfermarnos mentalmente. Pero, ¿qué es una buena alimentación?  Nadie tiene una respuesta definitiva, salvo algunos gurúes que se creen dueños de la verdad. Sin embargo, algunos puntos importantes pueden orientarnos al respecto, y que pueden constituir el decálogo de una alimentación sana.

1) Una buena alimentación debe cubrir los requerimientos diarios de carbohidratos, grasas, proteínas, vitaminas y minerales, y no debe faltar ninguna de estas cinco sustancias.

2) La cantidad y el tipo de tales sustancias dependerá de las actividades que realiza la persona, de sus patologías, y de sus objetivos. Respecto de estos últimos, hay quienes buscan reducir el peso corporal, que para muchos parece ser más importante que reducir los pensamientos negativos.

3) Una buena alimentación no es una cuestión de dieta sino una cuestión de hábitos. Las dietas tienen una duración limitada, mientras que alimentarse bien es para toda la vida. Una dieta apunta a un objetivo específico, mientras que un hábito apunta a mantener un estado de bienestar psicofísico global: es un estilo de vida.

4) Para cubrir los requerimientos de sustancias básicas, todos los días deberá mantenerse la siguiente proporción aproximada: 50% de vegetales (lechuga, zanahoria, cebolla, tomate, etcétera) y frutas,  20% de cereales (trigo, avena, arroz, centeno, cebada, sorgo, mijo, maíz, etcétera) y legumbres (porotos, lentejas, garbanzos, arvejas, etcétera), 15% carnes magras (vaca, pollo, pescado, cerdo, etcétera), y 15% lácteos (leche, yogur descremado, huevos, quesos). Los veganos y los vegetarianos alteran estas proporciones. Deben preferirse siempre los vegetales y las frutas de estación o de temporada. Si son de otra estación pueden perder sabor y nutrientes. No debe confundirse un nutriente (por ejemplo un mineral o una vitamina), una sustancia (por ejemplo una fruta o un cereal) y un plato (por ejemplo ravioles con tuco, milanesa con papas al horno, una pizza). Un plato es una preparación que incluye varias sustancias, y una sustancia algo que contiene varios nutrientes.

5) Los condimentos hacen que la comida sea más sabrosa. De algunos no se puede abusar mucho, como la sal (cloruro de sodio), y pueden reemplazarse con algunos otros como el orégano, el comino o la pimienta.

6) En la parte líquida de la alimentación jamás debe faltar diariamente el agua común (canilla, soda). El agua permite la hidratación y no puede ser reemplazada por otras bebidas, sean estas más sanas (jugos naturales, licuados, leche, infusiones) o menos sanas (alcohol, bebida gaseosas).

7) Es recomendable consumir cuatro platos diarios cuya cantidad puede estar definida por el alimento que cabe en las cuencas de ambas manos, diferente en cada persona. Eventualmente podrán incorporarse colaciones intermedias de menor tamaño. Un alimento considerado muy sano se convierte en perjudicial si es excesivo.

8) Es mejor comer con hambre real, y no con hambre emocional. El hambre emocional no sacia el hambre sino que hace bajar niveles molestos de ansiedad, además de agregar cantidad de comida innecesaria y, en ocasiones, sentimientos de culpa.

9) Hay alimentos que no necesariamente deben suprimirse pero si evitarse por no contribuir a la buena salud: azúcar blanco, frituras, facturas, golosinas y, en general, alimentos industrializados que contienen conservantes, espesantes, saborizantes y otros que sobrecargan el hígado, los riñones, el intestino y el sistema endocrino.

10) La alimentación no basta para estar bien. Otros hábitos deberán ser incorporados que reemplacen hábitos perjudiciales como el sedentarismo, el tabaquismo o las distorsiones cognitivas. Cuando incorporamos varios hábitos saludables, cada uno fortalece al otro y el círculo vicioso desaparece para generar un círculo virtuoso.

Pablo Cazau

La privacidad en la pareja

– Querido, ¿porqué no querés darme la contraseña de tu correo?

– Es que pueden robártela porque vos sos un poco descuidada.

– Te prometo guardarla en una caja de seguridad.

– Bueno, pero ¿y si alguna vez nos peleamos? No me gustaría que pudieses entrar en mi correo.

– Te prometo que jamás nos pelearemos.

– Bueno, pero tal vez no quiero que revises mi correo para que no te enteres de alguna sorpresa que te estoy organizando para tu cumpleaños.

– Te prometo no leer jamás tu correo.

– Y entonces, ¿para qué querés mi contraseña?

Cada pareja elige qué información y qué experiencias compartir de acuerdo a la siguiente escala, que va de lo más público a lo más privado.

Nivel público: Algunas cosas se comparten con cualquier otra persona. ¿La información sobre el estado civil? ¿Vivir en un edificio o un country?

Nivel semipúblico: Algunas cosas se comparten con ciertas personas allegadas. ¿La información sobre cómo se conocieron? ¿Una cena?

Nivel privado: Algunas cosas se comparten sólo dentro de la pareja. ¿La información sobre algunas fantasías sexuales? ¿Hacer el amor? ¿Irse de vacaciones?

Nivel personal: Algunas cosas se comparten sólo con uno mismo. ¿La información sobre la contraseña? ¿Ir al baño?

Cada pareja decidirá qué cosas compartir y qué cosas no compartir en cada nivel, y si se ponen de acuerdo en ello, no sólo podrán evitar ciertas disputas sino también podrán conocerse mejor. Si alguno le pide al otro su contraseña tal vez esté dejando al descubierto sus celos enfermizos, la necesidad de controlar a su pareja y, sobre todo, la falta de confianza en el otro.

Pablo Cazau

La paciencia como virtud sanadora

¿Quién no ha padecido viajes interminables de larga distancia, exasperantes embotellamientos de tránsito, ceremonias ridículamente largas, colas que no avanzan nunca, cafés que se vuelcan inexplicablemente sobre tu nuevo traje, insoportables charlas de gente que no te cae bien, o desagradables reacciones de ira de personas tan impacientes como tú?

Es en esos momentos que solemos reaccionar con impaciencia y hasta con ira, ese “pecado capital” que cometemos cuando no podemos tener el control de la situación. Pocas veces sin embargo cultivamos la paciencia, esa “virtud” que nos hace mantenernos tranquilos frente a las adversidades.

Ni hablar si la situación adversa no terminará nunca, como en un enfermo incurable. En tales casos recuerda que el doctor Tiempo te asegura en un 100% el fin de tus padecimientos, y a cambio sólo te pide… paciencia.

¿Por qué nos impacientamos y montamos en cólera? Nuestro primitivo cerebro es el responsable primario, y más concretamente la amídgala, la parte del cerebro que capta peligros y regula emociones. Ella funcionaba muy bien hace miles de años cuando los peligros eran un león hambriento dispuesto a comernos, pero sigue reaccionando del mismo modo frente a situaciones mucho menos peligrosas, como las colas que nunca avanzan.

Según algunos estudios, la paciencia como rasgo de la personalidad trae beneficios para la salud: disminuye la depresión y aumenta la empatía, la generosidad y la compasión, entre otras cuestiones (1).

La cuestión es: ¿estamos condenados o podemos aprender a ser pacientes? La solución no pasa solamente por evitar las situaciones estresantes. A veces tales situaciones no pueden preverse o evitarse, y es en esos momentos donde debemos educar nuestra mente en base a algunas indicaciones útiles como las siguientes:

  1. a) Identifica qué te hacer perder la paciencia. ¿Nos impacientamos con una charla aburrida o nos impacientamos con quien nos llevó a la charla?
  2. b) Acepta lo inevitable de la situación: no puedes tener control sobre ella, pero sí sobre tu reacción frente a ella.
  3. c) Evalúa el grado de peligro de la situación. ¿Es una cuestión de vida o muerte esperar en una cola interminable? Casi seguramente no será una cuestión de vida o muerte, con lo cual comienzas a entender lo exagerado de tu reacción de mal humor.
  4. d) Evalúa el lado positivo de la situación: “hacer la cola en el banco me permitirá acceder a aquel crédito tan esperado”., o “leer este pesado artículo sobre la paciencia me ayudará a ser más paciente”.
  5. e) Prepárate mentalmente antes que aparezca la situación amenazante entrenándote con la meditación, el yoga o cualquier otra herramienta que nos ayude a mantenernos en calma.

Pablo Cazau

(1) http://psycnet.apa.org/record/2007-08907-011