Los objetivos de nuestra Fundación

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Objetivos de la Fundación SoberanaMente: 

  1. LA INVESTIGACIÓN, para explorar nuevos conocimientos sobre la mente. 
  2. LA DOCENCIA, para enseñar a alumnos y profesionales de las Ciencias de la Salud.
  3. LA PROMOCIÓN, para ayudar al público en general a cuidar su Salud Mental. 

Para concretar estos objetivos, los Directores de la Fundación Soberanamente junto a otros profesionales de la Salud, desarrollan actividades en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (Argentina) y en el interior del país (Argentina) a través de la organización de charlas, seminarios, encuentros, jornadas, clases, talleres, cursos presenciales y virtuales, entre otras, como así también la difusión de artículos.

Próximamente informaremos la agenda de nuestras actividades. 

 

Lic. Margarita Rodríguez Suárez

Lic. Prof. Pablo Cazau 

El cerebro humano es adaptativo

Esto significa que es capaz de satisfacer sus necesidades inmediatas a los fines de la supervivencia. Tiempo atrás, investigadores estadounidenses realizaron el siguiente experimento sobre dos grupos diferentes de personas. A ambos se les hizo la misma pregunta: “Si el día de mañana te encontraras perdido en un bosque, ¿qué preferirías encontrar, comida o bebida?”. Los participantes debían elegir una u otra alternativa, pero no ambas.

En el primer grupo, conformado por personas tomadas al azar, las respuestas más frecuentes fueron “comida”. En el segundo grupo, integrado por personas que acababan de hacer un extenuante ejercicio físico en un gimnasio, las respuestas más frecuentes fueron “bebida”. La conclusión que sacaron los investigadores de este y otros experimentos fue que existe una tendencia del ser humano a organizar su vida futura en función de las necesidades actuales, cuando bien puede ocurrir que en un futuro las necesidades pueden cambiar.

Independientemente de ello, podría formularse también una hipótesis: es probable que la mayoría de respuestas “comida” del primer grupo se deban a que la gente considera que la comida es económicamente más valiosa que la bebida. Sin embargo, en términos de supervivencia es más valiosa el agua que la comida: la deshidratación llega más rápido que la desnutrición, sobre todo si el alimento sólido tiene poco contenido de agua.

Pablo Cazau. Diciembre 2012.

El cerebro humano es inteligente

Se puede ser tan inteligente como uno quiera: todo dependerá de cómo definamos la inteligencia. Un plomero brillante podría decir que la inteligencia consiste en resolver con éxito problemas de caños de agua, lo que lo convertirá en un ser muy inteligente aunque no sepa resolver problemas lógicos, dirigir una película o criar hijos. No hace mucho, un senador de los Estados Unidos dijo muy circunspecto: “Si mi hijo fuera muy torpe seguramente será periodista, si es moderadamente torpe será abogado, pero si nace muy inteligente con seguridad será senador”.

Y cuando se trata de juzgar a los demás, pocos vacilarían en decir que una persona inteligente es aquella que opina lo mismo que nosotros..

También hay gente que califica como muy inteligente y hasta como superdotado al niño que sabe tocar el piano a los tres años, confundiendo de esta manera precocidad con genialidad. De hecho, muchos niños precoces terminan siendo con el tiempo mediadamente inteligentes de acuerdo a los estándares de los tests clásicos. Otros califican como genios a sus propios hijos, cuando en realidad son apenas muy inteligentes. Otros creen que son muy inteligentes los niños que aparecen siempre en el cuadro de honor, cuando bien puede ocurrir que sean simplemente sujetos de inteligencia normal pero sobreadaptados, es decir, exigidos para que rindan casi lo imposible. Claro está que los adultos tienen también su ‘cuadro de honor’. En la clínica psicológica ha sido identificado no hace mucho el llamado “síndrome del ejecutivo”: el hombre ‘exitoso’ que trabaja de sol a sol, va al country los fines de semana, tienen bastante dinero y toda su existencia está altamente programada. Claro que nada es gratis, y entonces como resultado surgen con frecuencia cuadros de hipertensión, infartos y cánceres en edades entre los 40 y los 50 años donde no es estadísticamente esperable que aparezcan estas patologías.

Las coronarias se hacen cargo del problema porque ellos son incapaces de procesarlo psíquicamente, o sea, de pensar en lo que les está pasando. Como puede apreciarse, hay muchas opiniones acerca de lo que significa inteligencia para la gente. Tomemos tres ejemplos: el talento extraordinario, la curiosidad y la creatividad.

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El cerebro humano es imperfecto

Si hemos de tomar como referencia las investigaciones sobre la evolución del sistema nervioso de John Jackson (1860) y de Paul McLean (1970), podemos aventurarnos en afirmar que a medida que el cerebro animal cambiaba a lo largo de generaciones, fue corrigiendo sus propias deficiencias o imperfecciones según y conforme el dispositivo evolutivo darwiniano. En las primeras etapas el cerebro tenía la importantísima función de aprovechar los estímulos beneficiosos para la supervivencia y neutralizar los estímulos nocivos. Para ello reaccionaba sin “pensarlo” con respuestas automáticas, tal como podemos observar en los reptiles. Sin embargo y siempre en tren de conjeturas, aquí subsistía un problema: Este cerebro reptiliano era aún imperfecto porque reaccionaba a muchos otros estímulos neutros, es decir, ni beneficiosos ni nocivos, con lo cual gastaba inútilmente una enorme cantidad de energía. Se requería entonces un dispositivo que permitiera identificar y seleccionar los estímulos verdaderamente beneficiosos o verdaderamente nocivos, lo cual llevó al cerebro a incorporar las emociones. Los estímulos beneficiosos podían reconocerse porque el animal experimentaba una emoción positiva como puede serlo la alegría, y los estímulos nocivos porque generaban una emoción negativa como puede serlo el miedo. Nacía así una nueva especialización: el típico cerebro límbico de los mamíferos.

Pero este cerebro emocional que es también la sede de cierto tipo de memoria, también era imperfecto porque podía, por ejemplo, activar emociones de miedo frente a estímulos neutros sobre la base de ciertos recuerdos: una persona no tan peligrosa podía evocar al padre de la infancia. Se hizo necesario entonces que apareciera un cerebro cortical para regular la emoción adecuada al estímulo.

Si los cerebros reptiliano y límbico tienen millones de años, este nuevo cerebro apenas tiene miles de años, y es decir, está en pañales y hoy, si bien aún encuentra serias dificultades para regular las emociones, ha comenzado a lograr este control a través de distintos procedimientos como por ejemplo la meditación. La meditación budista de los orientales y la psicoterapia cognitiva de los occidentales son muy similares.

Tal vez las diferencias sean que la segunda se prescribe sólo para ciertas personas con problemas clínicos, y que se limita a corregir pensamientos distorsionados bastante puntuales. La meditación budista es más ambiciosa, como cambiar la vida de una persona a partir de un nuevo estilo de pensamiento.