Los objetivos de nuestra Fundación

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Objetivos de la Fundación SoberanaMente: 

  1. LA INVESTIGACIÓN, para explorar nuevos conocimientos sobre la mente. 
  2. LA DOCENCIA, para enseñar a alumnos y profesionales de las Ciencias de la Salud.
  3. LA PROMOCIÓN, para ayudar al público en general a cuidar su Salud Mental. 

Para concretar estos objetivos, los Directores de la Fundación Soberanamente junto a otros profesionales de la Salud, desarrollan actividades en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (Argentina) y en el interior del país (Argentina) a través de la organización de charlas, seminarios, encuentros, jornadas, clases, talleres, cursos presenciales y virtuales, entre otras, como así también la difusión de artículos.

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Lic. Margarita Rodríguez Suárez – Lic. Prof. Pablo Cazau 

No somos responsables de nuestras fantasías

Podemos fantasear con tener una aventura extramatrimonial, con asesinar a un ser querido, con disfrutar de una relación homosexual o con torturar ferozmente a quien odiamos. A veces nos horrorizamos tanto de ellas que terminamos haciéndolas inconcientes, con lo cual seguimos teniendo las mismas fantasias sólo que no nos damos cuenta de su existencia y hasta llegaremos a negarlas enfáticamente.

Tener estas fantasias donde se libera nuestra sexualidad o nuestra agresividad no nos hace, sin embargo, malas personas o personas menos honorables. Querrámoslo o no, forman parte de nuestra mente y no hay nada que podamos hacer salvo aceptarlas.

Esto significa que no somos responsables de nuestras fantasías, y por lo tanto no podemos avergonzarnos de ellas. Sin embargo, sí somos rssponsables de lo que hacemos con esas fantasías, como por ejemplo si, tras haberlas alimentado y dejarlas crecer, las hacemos realidad. De estas cosas sí somos responsables, y es de lo único que podemos avergonzarnos y de lo único que deberemos rendir cuenta ante los demás.

Aún así, hay parejas que nos acusarán de ser infieles porque descubrieron que fantaseábamos con una aventura ilícita, lo cual resulta tan ridículo como acusar a alguien de asesino simplemente porque fantaseó con matar a alguien.

Pablo Cazau

Porqué discutimos

Discuten los derechistas y los izquierdistas, los abortistas y los antiabortistas, los provacuna y los antivacuna. Muchos motivos nos llevan a discutir, que incluso pueden ser diferentes en dos personas que discuten entre sí.

Algunos discuten sólo para pelearse, lo que puede servirles para liberar un exceso de agresividad por una vía socialmente aceptable. O sea, para no agarrarse a las piñas. También pueden hacerlo para lucir su agresividad, para impresionar a alguien que los observa, para atacar a quienes odian o para conseguir prosélitos.

Otros discuten para confrontar sus ideas con el otro,y aquí encontramos dos grandes tipos de discusión: la improductiva, donde nadie estará dispuesto a cambiar sus opiniones frente al otro, y la productiva donde flota la posibilidad de cambiar las propias, aunque sea mínimamente.

Por más evidencia en contra que haya, ni los provacunas ni los antivacunas cambiarán sus opiniones, Así somos de irracionales (yo soy el irracional provacuna).

Sin embargo, aquí no termina el problema. Existen seguramente discusiones donde ambos buscan la verdad aunque para ello deban sacrificar sus creencias, pero no es el caso de la mayoría de las discusiones donde cada cual defenderá su propia “verdad” a rajatabla porque por algún motivo le conviene. Se trata del criterio de verdad pragmático, donde algo es verdadero por conveniencia, incluso si no tiene lógica, evidencia empírica o el sustento de una autoridad reconocida. Abunda en los discursos de las corporaciones multinacionales, en los discursos políticos y en muchos otros ámbitos. Las personas creen en lo que quieren creer, no en lo que es verdad. Y si alguno llegara a cambiar su opinión, es muy probable que la cambie por una nueva opinión que le convenga más.

En la película «No miren arriba» (2021) se ilustra muy bien que a las personas no les interesa la verdad sino la mentira que más les conviene. Sólo aceptan la verdad si les conviene, como en el caso del científico que señala la verdad, aunque bien podría hacerlo no para profundizar el conocimiento de la realidad sino para aumentar su prestigio científico.

Las formas de defender la propia verdad es apoyarla mediante argumentos, incluso aunque sean falaces, o atacar el argumento opuesto. Así, los antivacunas dicen: “Con las vacunas están haciendo experimentos como si fuéramos conejillos de Indias”, y los provacunas replican: “Para quienes están perseguidos con los experimentos en humanos, que sepan que la naturaleza hace experimentos permanentemente con nosotros desde que nacemos, sin hablar de los experimentos que hacemos nosotros mismos con las comidas o las automedicaciones, y muchos no salen muy bien”.

Y cuando los argumentos fallan, en última instancia alguien gritará más alto que el otro o apelará a la tortura o al lavado de cerebro. Es el momento donde la discusión llega a su fin.

Pablo Cazau

La gestión de los egos

Una de las tareas más arduas de cualquier jefe, líder o director es la llamada gestión de los egos, y así lo ha reconocido el muñeco Gallardo, entrenador de River Plate, en sus últimas declaraciones periodísticas.

Muchas personas que pasan a integrar un grupo humano no saben que deben resignar una parte de su narcisismo individual en aras del buen funcionamiento grupal.

Algunos miembros intentan negociar su talento individual por un puesto donde su ego esté lo suficientemente inflado como para sentirse satisfechos. Pero esta negociación tiene un límite porque nadie es imprescindible y entonces, por ejemplo, un futbolista muy talentoso puede renunciar porque hace rato que lo mantienen como suplente, o un cantante de ópera lo mismo, ofendido porque el director no lo destinó como voz principal sino como acompañante del coro.

Esto no significa necesariamente que el director se haya equivocado en la distribución de roles. Simplemente entiende que es así como el equipo funciona mejor, y si el ego inflado así no lo comprende tiene todo el derecho de renunciar.

Algunos egos inflados aceptan que al principio deban pagar un derecho de piso, pero cuando pasa mucho tiempo sin que lo destinen a la función acorde con sus expectativas narcisistas, comienzan a sentirse mal sin entender que la estrella no son ellos sino el grupo, y sin entender que a veces el grupo sólo necesita una parte de su “gran” talento individual.

Si de hilar fino se trata, el ego inflado debe entender que su narcisismo individual no ha desaparecido sino que parte de él debiera transformarse en un narcisismo grupal que hace que se sienta satisfecho por pertenecer a un grupo valioso. Sólo transfiriendo al grupo parte de su propio narcisismo, el “yo” podrá dejar lugar al “nosotros”.

Pablo Cazau