El placer de ser imperfecto

Por Pablo Cazau 

Algunos fantaseamos con ser perfectos. Queremos tener diez de promedio, queremos ser el más fuerte y el más bello, queremos ser el papá, la mamá o el cónyuge ideal, queremos ser el hijo extraordinario y queremos conformar a todo el mundo.

Algunos siguen creyendo firmemente en esta vana ilusión autoexigiéndose cada vez más, pero llega un momento en que hay que tirar la toalla. Intentar ser perfecto consume mucho esfuerzo, con lo cual, no quedará energía para otras cosas como bailar mal, ser espontáneo o hacer reír a nuestros seres queridos con nuestras increíbles equivocaciones.

Y no es que uno se proponga ser un perfecto imperfecto. Simplemente se trata de canjear la perfección por la tranquilidad, ese estado donde uno es libre de equivocarse, y por la sabiduría, donde uno se torna capaz de reconocer sus errores sin rasgarse las vestiduras, donde uno se vuelve capaz de pedir ayuda y donde uno llega ser capaz de perdonarse. Claro que con el paquete puede venir también sentirse deprimido, enojado, agresivo, celoso, envidioso, vengativo y demás imperfecciones, pero es un precio mínimo que debe pagarse al lado del tremendo costo que supone la perfección.

Cómo percibimos la velocidad del tiempo

Por Pablo Cazau

Podemos percibir el tiempo como transcurriendo más velozmente o transcurriendo más lentamente. ¿De qué depende esta percepción? La física relativista ha ofrecido sus propias explicaciones, pero aquí nos atendremos al punto de vista de la psicología de la percepción.

En general, nuestra percepción de la velocidad del tiempo varía en al menos tres casos:

1) Si estamos ocupados o concentrados en alguna actividad el tiempo pasa más rápido, mientras que el aburrimiento o la inactividad pueden hacer las horas interminables.

2) A medida que crecemos percibimos que el tiempo transcurre cada vez más rápido. El adolescente siente transcurrir el tiempo de su vida muy lentamente, mientras que el anciano ve pasar el tiempo de su existencia más rápidamente.

3) Bajo un estrés agudo, puede ocurrir que las personas experimenten que el tiempo se hace más lento. Hace varios años alguien me planteó que estaba muy intrigado –y hasta preocupado-  por algo que le sucedía: en algunas ocasiones en que estaba bajo un fuerte estrés, veía todo a su alrededor en cámara lenta, como si el tiempo transcurriese más despacio. Para tranquilizarlo, le dije que ello no se debía a tumores cerebrales ni a infecciones encefálicas, sino que se trataba de un mecanismo adaptativo de supervivencia.

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¿Las personas sentadas son más felices?

Por Pablo Cazau

Mientras la salud física se refiere al estado de nuestro cuerpo, el bienestar subjetivo se refiere al estado de nuestra mente. “Bienestar subjetivo” es el nombre que suelen darles los científicos a la felicidad.

El sentido común sugiere que un cuerpo sano nos hace más felices, y que la felicidad influye sobre nuestra salud corporal. En líneas generales podemos admitir que esto es cierto, pero la relación entre salud corporal y felicidad tiene sus complejidades y sus perplejidades.

Wuyou Sui y Harry Prapavessis, dos investigadores canadienses, han comprobado que las cosas no son tan simples: hay personas físicamente enfermas pero felices, y hay infelices sanos. Es por esto que la salud integral requiere ver cómo anda nuestro cuerpo pero también nuestra mente.

Sus investigaciones se han centrado en un hábito muy común en diversos lugares del mundo: estar sentado.

Por empezar está claro que hay una estrecha relación entre la salud física y el comportamiento sedentario: no hacer ejercicio influye decisivamente en nuestro cuerpo, generando enfermedades.

Pero, ¿qué relación hay entre ese bienestar subjetivo llamado felicidad y el sedentarismo? Al respecto, Sui y Prapavessis en un trabajo de revisión de investigaciones, han reportado tres hallazgos significativos:

1) Las personas con hábitos sedentarios son menos felices que las que se mueven más.

2) El bienestar subjetivo es mayor en quienes están sentados pero realizan actividades como socializar, tocar un instrumento o leer, que en quienes están sentados frente a una pantalla.

3) Las personas que se perciben a sí mismas como más sedentarias de lo habitual reportaron un bienestar subjetivo más pobre.

Los investigadores concluyen que aunque no podamos eliminar el tiempo que pasamos sentados, todos podemos darnos cuenta de cuánto podemos reducirlo y dónde hacerlo (pantalla, socializar, etcétera) para estar más saludables y sentirnos mejor.