Exhibir la felicidad

Algunos exhiben su cuerpo, otros exhiben su dolor y sus desgracias, pero están también quienes exhiben su felicidad como si fuera un gran trofeo. “¡Vean lo felices que somos!”, anuncian en Facebook, mientras publican una andanada de fotografías sonrientes y dichosos, paseando por la playa o besándose apasionadamente.

Es comprensible: ¿quién de nosotros no informó a sus allegados lo feliz que estaba porque le pasó tal o cual cosa (salvo haberse sacado la lotería)?

Hay, sin embargo, una diferencia entre transmitir nuestra felicidad a muy pocos seres queridos como parejas, amigos, padres o madres, y transmitir la felicidad públicamente como puede hacerse en Facebook, que sería lo mismo que salir a la calle con un megáfono gritando “Soy feliz”, y con una remera que dice lo mismo. En el primer caso la felicidad se comparte, y en el segundo se exhibe.

Pero, ¿qué lleva a las personas a exhibir indiscriminadamente su bienestar, y qué consecuencias puede traer ello?

Tal vez algunos quieren simplemente compartir un estado de ánimo, pero tal vez otros quieran mostrar que están por encima de los demás mortales, o tal vez quieran obtener reconocimiento y aprobación. En cualquiera de estos casos hay un problema con la autoestima: unos se sobrestiman, otros se subestiman, y no pueden encontrar el equilibrio justo.

Pero en cualquier caso, no pueden ni concebir ni medir las consecuencias de sus exhibiciones: algunos espectadores se aburrirán soberanamente, otros serán carcomidos por la envidia, y todos terminarán bloqueando o eliminando al exhibidor mientras éste último sigue preguntándose qué hizo mal.

¿Alguna vez te pasó?

Efecto Lucifer: Siempre fuiste una persona buena y moralmente irreprochable, pero bajo ciertas circunstancias se volviste sádico y violento.
Efecto Forer-Barnum: Estás asombrado de lo bien que te describen las características de tu signo del zodíaco, pero no sabés que esas mismas características describen muy bien a personas de otros signos.
Efecto Halo: Te creés que porque alguien es simpático también es bondadoso, o que porque Maradona es genial como jugador también lo será siendo director técnico.
Efecto Pigmalion: Si te tratan como a un joven te vas a terminar creyendo joven, o si te admiran por tu inteligencia te comportarás como alguien más inteligente.
Efecto Golem: Si te tratan despectivamente, terminarás haciendo todo como para que te rechacen y te traten más despectivamente. Es lo contrario del efecto Pigmalion.
Efecto Placebo: Te tomaste un remedio trucho pero que te mejoró porque creíste que era un remedio auténtico.
Efecto nocebo: Estás enfermo y estás empeorando porque creés que el remedio falso te va a hacer mal. Es lo contrario del efecto placebo.

Cómo fundamentamos nuestras creencias

Cuando alguien afirma algo y le preguntamos por qué afirma eso, puede fundamentarlo de tres maneras distintas: en base a los hechos, en base a la lógica, o en base a la autoridad.

Por ejemplo, si afirmamos que “siempre fracaso cuando emprendo algo”, podemos fundamentar esto de tres maneras:

a) En base a los hechos: “Porque todas las veces que emprendí algo fracasé”.

b) En base a la lógica: “Mis fracasos son una consecuencia lógica de mi personalidad. Yo soy así”.

c) En base a la autoridad: “Mi papá me dijo que yo siempre fracasaría, y él siempre tiene razón”.

Si nos basamos en los hechos, deberíamos preguntarnos por qué siempre estamos fracasando, y tal vez respondamos con el segundo criterio (“porque soy así”).

Si a su vez respondemos “porque soy así”, es muy probable que ello se deba a que de niños nos convencieron que siempre fracasaríamos.

Los niños adhieren a creencias en base a la autoridad: todo lo que ellos creerán es porque se los dijeron sus padres. No tienen la suficiente experiencia de vida para fundamentar sus creencias en base a los hechos, ni han desarrollado lo suficiente su inteligencia como para hacer un razonamiento deductivo y, por tanto, para fundamentar sus creencias en base a la lógica.

Moraleja: revisa tus creencias, y especialmente aquellas que te impiden desarrollarte y ser feliz.

Pablo Cazau