La presión social

Todos nosotros siempre tenemos expectativas acerca de cómo deben comportarse nuestros semejantes. Esperamos que nuestra pareja sea fiel, esperamos que nuestros hermanos nos ayuden a cuidar a nuestros padres, esperamos que nuestros hijos se porten bien en la escuela, esperamos que los demás sean puntuales, esperamos que el vecino nos salude, esperamos que nuestros alumnos estudien, esperamos que nuestros conocidos no nos ninguneen, esperamos que los amigos nos contengan en momentos difíciles, esperamos que nuestros compañeros hinchas de River griten también un gol, esperamos que los demás vayan bien vestidos a una fiesta de gala, esperamos que la gente limpie la ropa si se le cayó salsa encima, esperamos que los otros piensen o sientan igual que nosotros.

Esperamos, esperamos, esperamos.

Siempre habrá gente que nos va a cuestionar por lo que hicimos, por lo que no hicimos, por lo que sentimos, por lo que no sentimos, por lo que pensamos o por lo que no pensamos. Se trata de la llamada presión social.

Hay quienes cumplen obsesiva y masivamente con estas expectativas, con el fin de agradar a los demás (tal vez porque nunca fueron apreciados y están siempre temiendo ser rechazados). Otros lo hacen por conveniencia, ya que si cumplen con lo que se espera de ellos obtendrán algún tipo de beneficio (dinero, trabajo, etcétera).

En principio la presión social ayuda a que la sociedad se mantenga unida y no se disgregue generando conflictos entre las personas. Sin embargo, su lado oscuro puede hacer que las personas sean todas iguales y no puedan desplegar sus individualidades. En tal caso la sociedad se convertirá en algo parecido a una secta y no podrá evolucionar porque nadie podrá disentir.

Nuestras sugerencias: a) si te critican por tu comportamiento, no te sentirás mal si entendés que no te critican por ser mala persona sino simplemente por algo que hiciste, que no hiciste, que pensaste, que no pensaste, que sentiste o que no sentiste; b) si te comportaste fuera de las expectativas de los demás, preguntate si eso es algo beneficioso o no para vos y para el conjunto de la sociedad; y c) si estás podrido de las presiones sociales, escapate unos días a la montaña. A medida que subas no sólo habrá menos presión atmosférica sino también menos presión social. Podrás hacer exactamente lo que quieras y nadie te criticará, salvo que hayas incorporado las normas sociales y saludes a las aves, aunque no sea eso lo que esperan de vos.

Pablo Cazau

Alimentación y mente

 

Diversas investigaciones han constatado la influencia de la alimentación sobre la mente. Hay alimentos que favorecen el buen humor, la agilidad mental o la memoria, mientras que otros producen ansiedad o depresión creando las condiciones para el surgimiento de esos pensamientos negativos que tan poco contribuyen al bienestar de las personas.

Una buena alimentación no sólo disminuye las probabilidades de enfermarnos físicamente, sino también las de enfermarnos mentalmente. Pero, ¿qué es una buena alimentación?  Nadie tiene una respuesta definitiva, salvo algunos gurúes que se creen dueños de la verdad. Sin embargo, algunos puntos importantes pueden orientarnos al respecto, y que pueden constituir el decálogo de una alimentación sana.

1) Una buena alimentación debe cubrir los requerimientos diarios de carbohidratos, grasas, proteínas, vitaminas y minerales, y no debe faltar ninguna de estas cinco sustancias.

2) La cantidad y el tipo de tales sustancias dependerá de las actividades que realiza la persona, de sus patologías, y de sus objetivos. Respecto de estos últimos, hay quienes buscan reducir el peso corporal, que para muchos parece ser más importante que reducir los pensamientos negativos.

3) Una buena alimentación no es una cuestión de dieta sino una cuestión de hábitos. Las dietas tienen una duración limitada, mientras que alimentarse bien es para toda la vida. Una dieta apunta a un objetivo específico, mientras que un hábito apunta a mantener un estado de bienestar psicofísico global: es un estilo de vida.

4) Para cubrir los requerimientos de sustancias básicas, todos los días deberá mantenerse la siguiente proporción aproximada: 50% de vegetales (lechuga, zanahoria, cebolla, tomate, etcétera) y frutas,  20% de cereales (trigo, avena, arroz, centeno, cebada, sorgo, mijo, maíz, etcétera) y legumbres (porotos, lentejas, garbanzos, arvejas, etcétera), 15% carnes magras (vaca, pollo, pescado, cerdo, etcétera), y 15% lácteos (leche, yogur descremado, huevos, quesos). Los veganos y los vegetarianos alteran estas proporciones. Deben preferirse siempre los vegetales y las frutas de estación o de temporada. Si son de otra estación pueden perder sabor y nutrientes. No debe confundirse un nutriente (por ejemplo un mineral o una vitamina), una sustancia (por ejemplo una fruta o un cereal) y un plato (por ejemplo ravioles con tuco, milanesa con papas al horno, una pizza). Un plato es una preparación que incluye varias sustancias, y una sustancia algo que contiene varios nutrientes.

5) Los condimentos hacen que la comida sea más sabrosa. De algunos no se puede abusar mucho, como la sal (cloruro de sodio), y pueden reemplazarse con algunos otros como el orégano, el comino o la pimienta.

6) En la parte líquida de la alimentación jamás debe faltar diariamente el agua común (canilla, soda). El agua permite la hidratación y no puede ser reemplazada por otras bebidas, sean estas más sanas (jugos naturales, licuados, leche, infusiones) o menos sanas (alcohol, bebida gaseosas).

7) Es recomendable consumir cuatro platos diarios cuya cantidad puede estar definida por el alimento que cabe en las cuencas de ambas manos, diferente en cada persona. Eventualmente podrán incorporarse colaciones intermedias de menor tamaño. Un alimento considerado muy sano se convierte en perjudicial si es excesivo.

8) Es mejor comer con hambre real, y no con hambre emocional. El hambre emocional no sacia el hambre sino que hace bajar niveles molestos de ansiedad, además de agregar cantidad de comida innecesaria y, en ocasiones, sentimientos de culpa.

9) Hay alimentos que no necesariamente deben suprimirse pero si evitarse por no contribuir a la buena salud: azúcar blanco, frituras, facturas, golosinas y, en general, alimentos industrializados que contienen conservantes, espesantes, saborizantes y otros que sobrecargan el hígado, los riñones, el intestino y el sistema endocrino.

10) La alimentación no basta para estar bien. Otros hábitos deberán ser incorporados que reemplacen hábitos perjudiciales como el sedentarismo, el tabaquismo o las distorsiones cognitivas. Cuando incorporamos varios hábitos saludables, cada uno fortalece al otro y el círculo vicioso desaparece para generar un círculo virtuoso.

Pablo Cazau

La privacidad en la pareja

– Querido, ¿porqué no querés darme la contraseña de tu correo?

– Es que pueden robártela porque vos sos un poco descuidada.

– Te prometo guardarla en una caja de seguridad.

– Bueno, pero ¿y si alguna vez nos peleamos? No me gustaría que pudieses entrar en mi correo.

– Te prometo que jamás nos pelearemos.

– Bueno, pero tal vez no quiero que revises mi correo para que no te enteres de alguna sorpresa que te estoy organizando para tu cumpleaños.

– Te prometo no leer jamás tu correo.

– Y entonces, ¿para qué querés mi contraseña?

Cada pareja elige qué información y qué experiencias compartir de acuerdo a la siguiente escala, que va de lo más público a lo más privado.

Nivel público: Algunas cosas se comparten con cualquier otra persona. ¿La información sobre el estado civil? ¿Vivir en un edificio o un country?

Nivel semipúblico: Algunas cosas se comparten con ciertas personas allegadas. ¿La información sobre cómo se conocieron? ¿Una cena?

Nivel privado: Algunas cosas se comparten sólo dentro de la pareja. ¿La información sobre algunas fantasías sexuales? ¿Hacer el amor? ¿Irse de vacaciones?

Nivel personal: Algunas cosas se comparten sólo con uno mismo. ¿La información sobre la contraseña? ¿Ir al baño?

Cada pareja decidirá qué cosas compartir y qué cosas no compartir en cada nivel, y si se ponen de acuerdo en ello, no sólo podrán evitar ciertas disputas sino también podrán conocerse mejor. Si alguno le pide al otro su contraseña tal vez esté dejando al descubierto sus celos enfermizos, la necesidad de controlar a su pareja y, sobre todo, la falta de confianza en el otro.

Pablo Cazau