El terror a la enfermedad

Todo el mundo tiene miedo a una enfermedad grave, salvo aquellos a quienes sus limitadas capacidades cognitivas le impiden tomar conciencia de este problema.

Frente a este miedo se montan defensas: hay quienes se creen indestructibles, con lo cual el miedo desaparece, hay quienes entienden que pueden enfermarse pero confían en que ello no ocurrirá demasiado pronto (porque tienen suerte, porque son jóvenes o hacen una vida sana), y hay quienes se sacan las dudas haciéndose un chequeo de salud. También acá los miedos ceden.

Pero hay casos donde ninguna defensa contra el miedo resulta útil, y tal es el caso de la hipocondría.

El hipocondríaco no puede vencer su miedo a enfermarse a pesar de no haber pruebas concluyentes de ello, y este temor es tan intenso que le produce un gran malestar.

A nivel cognitivo tiene una idea fija persistente del tipo “estoy gravemente enfermo”.

A nivel afectivo padece miedo, angustia, terror, depresión y otros sentimientos. Si tales afectos resultan de una enfermedad grave real, no hay hipocondría y el problema es otro.

A nivel comportamental puede acudir al médico para comprobar si se justifican sus miedos, pero frecuentemente no quedan convencidos y vuelven una y otra vez a consultar más médicos.

La hipocondría puede ser permanente o episódica, es decir, cuando ocasionalmente recibe información de personas gravemente enfermas o experimenta síntomas sospechosos que reactivan una hipocondría latente.

¿Cuáles son las soluciones para la hipocondría?

En principio, la solución no es montar defensas frente al miedo o al terror, sino cambiar la idea “estoy gravemente enfermo” por la idea “estoy bien”, preferiblemente luego de haberse realizado un chequeo. El hipocondríaco debe entender que casi siempre uno se muere de otra cosa distinta a la enfermedad que tanto teme, lo cual, al poner en evidencia lo ridículo de la creencia hipocondríaca, estará más dispuesto a abandonarla. Tambien puede ayudar el prestar más atención a la existencia de personas ancianas y sanas, especialmente si ellas padecieron hipocondría. Esto también ridiculiza la creencia de estar enfermo.

La psicoterapia cognitivo-conductual es una de las más indicadas para generar un cambio en las creencias que perturban nuestra existencia.

Pablo Cazau

Desmalezando tu mente

Tu cabeza es como una maceta, y la tierra es tu mente. Una tierra que puede ser muy pobre o puede estar enriquecida. Vos lo decidís.

En ella pueden crecer pensamientos para disfrutar, como la albahaca, pensamientos bellos como las rosas para recuperar la paz, y pensamientos sanadores como el aloé.

Sin embargo la maleza suele invadir tu maceta, tal como tu mente es invadida por pensamientos negativos. Nadie sabe de donde viene la maleza, pero apenas te das vuelta ya está ahí, amenazante. La maleza es muy fuerte y se alimenta de todos los nutrientes de la tierra dejando sin comida a la albahaca, la rosa y el aloé, que terminan languideciendo, salvo que te decidas a desmalezar tu mente y cultivar pensamientos positivos. Intentá cuidar tu mente como cuidás a tus macetas, y todo irá mejor.

Pablo Cazau

Retrato de un perverso

El siguiente es un extracto de algunas características del perverso, que son compatibles con lo que otros pensadores llaman psicópatas (1).

  1. a) Los perversos quieren poder y no tienen escrúpulos en usar a otras personas, a quienes tratan como objetos.
  2. b) Las víctimas de los perversos suelen tener fuerte personalidad e inteligencia, quedando atrapadas en las reglas de juego del perverso. Se confunden y desequilibran al no entender el comportamiento del perverso. Suelen tener falta de confianza en sí mismas por alguna herida en la infancia.
  3. c) Los perversos suelen ser personas que en su infancia fueron tratados como objetos: o bien mal tratados o bien idolatrados por la madre.
  4. d) En el fondo los perversos nunca están contentos. Toman la vida, la fuerza y la alegría de los otros porque ellos mismo no son felices.
  5. e) Actúan para sobrevivir porque sienten que están en peligro. No se comportan con violencia si se saben observados por otros. Son sumisos con el poder aunque lo critiquen.
  6. f) No tienen cura. No tienen problemas de conciencia y no se deprimen mientras tengan una víctima. No piden ayuda al psicólogo. No se reconocerían leyendo este retrato.
  7. g) El perverso busca que la víctima se convierta también en agresor para mostrar que el otro es violento. La posible víctima no debe entrar en este juego.

A la entrevistada nos hubiera gustado hacerle otras preguntas, tales como:¿Puede una víctima utilizar a un perverso para sus propios fines? ¿Qué pasa si se encuentran dos perversos compitiendo por la misma víctima?

Pablo Cazau

(1) Extractado de “El perverso destruye con sonrisas” Entrevista de Ima Sanchis a Marie-France Hirigoyen. Diario La Vanguardia. www.acosomoral.org/hirigoyen7.htm