El modelo biológico de la resiliencia

La palabra ‘resiliencia’, de creciente difusión en los ámbitos populares y académicos, se refiere a una capacidad para enfrentar situaciones críticas y salir fortalecidos.

Entendida como un proceso básicamente psicológico, encuentra su correlato en otros procesos similares pero de índole puramente biológica, y relacionados con la capacidad del sistema inmunitario para generar anticuerpos.

Cuando un organismo es expuesto a un antígeno, o sea, a un elemento potencialmente peligroso como puede serlo una bacteria patógena, su sistema inmunitario es capaz de producir anticuerpos que la neutralicen, sea destruyéndola, sea evitando su reproducción. De esta manera, si el organismo alguna vez vuelve a tomar contacto con la misma bacteria, la reacción será más rápida y eficaz porque ya dispone de anticuerpos listos para actuar. En otras palabras, el organismo habrá quedado fortalecido.

De hecho, se ha llegado a creer que un organismo expuesto a diversos antígenos a lo largo del tiempo está más fortalecido que otro organismo que vivió siempre en una burbuja de cristal, o sea, habrá desarrollado mejor su capacidad resiliente. Se trata aquí de una resiliencia biológica, no psicológica, si se nos permite la expresión.

Y así como a nivel psicológico se ha distinguido una resiliencia reactiva y otra proactiva, podemos extrapolar la misma diferencia a la resiliencia biológica.

Por ejemplo, en la resiliencia reactiva el organismo estaría expuesto naturalmente a diversos antígenos a lo largo de la vida, y como consecuencia se volvería cada vez más fuerte. En cambio en la resiliencia proactiva el organismo se va preparando deliberadamente para enfrentar peligros futuros, y tal es lo que sucede por ejemplo cuando nos vacunamos contra la tuberculosis, el sarampión o alguna otra enfermedad infecciosa. La vacuna no es más que una cierta cantidad de bacterias ingresadas al organismo, que no es lo suficientemente grande como para producir la enfermedad, pero es el mínimo necesario para que el organismo reaccione y pueda producir los anticuerpos que lo protegerán de eventualidades futuras.

Pablo Cazau.

Ramas, teorías, niveles y campos de la psicología

La psicología es una disciplina independiente que estudia el psiquismo y sus interacciones con el cuerpo y el entorno. El territorio de la psicología, identificable a partir de ramas, teorías y niveles de análisis y campos de aplicación, es muy vasto y complejo, lo que hace que el quehacer del psicólogo no se circunscriba al estrecho campo de la atención de pacientes en un consultorio.

Es así que existe una enorme cantidad y variedad de ‘psicologías’: la psicología evolutiva, la psicología animal, la psicología del consumidor, la psicología de la creatividad, la cronopsicología, la neuropsicología, la psicología clínica, la psicología social, la psicología organizacional, la psicopatología, la psicología de la mujer, la psicología de la ciencia, la psicología del deporte, la psicología genética, la parapsicología, la psicología diferencial, la psicología gestáltica, la psicología ecológica, la psicología comunitaria, la psicología vocacional o la psicología de la política. Todas estas denominaciones responden a diferentes criterios de clasificación. Por ejemplo según el género, existe una psicología del hombre y una psicología de la mujer. Según la taxonomía biológica puede hablarse de una psicología humana, una psicología animal e incluso, para algunos, de una psicología vegetal. Según la actividad humana estudiada, hay una psicología del artista, del deportista, del científico, del político, del publicista, del consumidor, del militar, del trabajador o del delincuente. Y según la edad investigada, hay una psicología del niño, del adolescente, del adulto y del anciano.

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