Los métodos de investigación de la mente

 

Para estudiar la mente debemos observar la conducta (en su sentido amplio: conductas simbólicas y conductas materiales llamadas acciones). La psicología ha utilizado y utiliza diferentes métodos para estudiar la mente, algunas veces para generalizar, ampliando y profundizando el saber psicológico, y otras para abordar un caso determinado para resolver su problema. Los métodos para observar la conducta (y poder así investigar la mente) pueden ser:

1) Métodos experimentales y no experimentales.- El método experimental consiste en provocar conductas para luego observarlas. Por ejemplo, cuando provocamos un ruido fuerte para ver como reacciona una persona, estamos usando un procedimiento experimental -en sentido muy amplio- es decir, estamos observando una conducta que fue provocada deliberadamente. Estamos tomando aquí una de las características del método experimental: la provocación de una situación. Otra cosa muy distinta ocurre cuando vamos a visitar a un familiar y nos ponemos a observar como juega un niñito de seis meses en la cuna. Aquí no provocamos ninguna conducta ofreciendo al niño algún estímulo especial (salvo que nuestra simple presencia ya sea un estímulo para él): es un método no experimental.

2) Métodos introspectivos y extrospectivos.- La conducta puede ser observada por la propia persona (introspección) o por una persona ajena (extrospección). Cierto tipo de conductas pueden ser observadas en forma directa solamente por el mismo sujeto, como por ejemplo cuando observa sus propios pensamientos o afectos. Una persona desde afuera no puede hacerlo. A lo sumo podrá inferir, suponer, a juzgar por nuestra expresión o nuestras acciones en general, qué estamos pensando o sintiendo, pero esto ya no es una observación sino una inferencia a partir de acciones como hablar o jugar.

3) Métodos actual, retrospectivo y prospectivo.- El método típico para observar una conducta es observarla aquí y ahora, en el momento en que ella sucede: “Juan está llorando, María está peinándose, Daniel está disimulando, Ana está espiando, etcétera”.

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Qué son las fantasías

 

Una fantasía es un complejo de representaciones visuales creadas como un relato. Ejemplo: “me imagino en mi primer día de trabajo y a mis nuevos compañeros recibiéndome afectuosamente”. Cuando las personas fantasean algunas veces se refieren a su propia actividad de fantasear como ‘ratonearse’ o ‘hacerse la película’.

La fantasía es: a) visual, porque la escena fantaseada asume la forma de imágenes que se “ven” interiormente; b) creativa, porque representa algo que nunca existió en la realidad: de otra manera sería un recuerdo; c) tiene un guión, es decir, describe una serie de acciones sucesivas realizadas por una o más personas, como si fuera una obra de teatro. Imaginarse un hombre no es una fantasía, pero sí lo es imaginarse al hombre haciendo algo: caminando, riendo, etcétera. Algunas de las personas tienen un rol activo porque ejecutan las acciones (los compañeros que se muestran amables) y otras un rol pasivo porque reciben la acción (recibo el afecto de mis compañeros). En las fantasías de seducción, uno seduce y otro es seducido, y en las fantasías masoquistas uno golpea y otro es golpeado sintiendo placer en ello. El sujeto que fantasea puede ser uno de los protagonistas, pero también puede ser un mero espectador: “imagino a mi amigo en su primer día de trabajo y a sus nuevos compañeros recibiéndolo afectuosamente”. Claro está que en una fantasía el sujeto fantaseante puede funcionar sucesivamente con ambos roles: “imagino que los vecinos están peleándose y luego yo intervengo para calmarlos”. Hay guiones muy simples y otros más intrincados donde aparecen con mayor claridad un comienzo, un desarrollo y algún desenlace. El guión puede referirse a una situación deseada (erótica o no), a una situación temida, etcétera, es decir, tiene un contenido; y d) surge a partir de un factor desencadenante, es decir, no aparece por azar sino cuando se cumplen determinadas condiciones. Una mirada puede engendrar una fantasía erótica, y una discusión una fantasía destructiva.

Las fantasías pueden ser clasificadas de acuerdo con diferentes criterios, algunos de los cuales reconocen su origen en el psicoanálisis.

1) Las fantasías pueden ser espontáneas o inducidas. Llamamos fantasías inducidas a aquellas que son sugeridas u ordenadas por otra persona en el marco de cierta actividad pautada, como puede serlo un tratamiento psicoterapéutico que utilice la técnica del sueño despierto, donde al paciente se lo invita a crear imágenes visuales con un argumento. En cambio, las fantasías espontáneas surgen en la vida cotidiana fuera de contextos pautados.

2) Las fantasías pueden ser diurnas y oníricas. Unas se producen en estado de vigilia –los ensueños diurnos-, y otras mientras el sujeto duerme, por lo que las fantasías de este último tipo equivalen a los sueños. Debido a que durante la vigilia el proceso secundario ejerce un mayor control sobre el proceso primario, las fantasías diurnas suelen estar más organizadas. Tanto los ensueños diurnos como los sueños constituyen fantasías concientes, ya que lo que distingue la vigilia del soñar no es esa cualidad: de hecho, cuando uno está soñando está plenamente conciente de ello.

3) Las fantasías pueden ser concientes, preconcientes o inconcientes., tal como lo plantea Freud en un artículo sobre la bisexualidad en la histeria. Las primeras son las que la persona fantasea en un momento dado siendo conciente de ellas; las segundas dejaron de ser concientes pero pueden ser evocadas voluntariamente (“ayer recuerdo haber fantaseado con tal o cual cosa”); las terceras ejercen influencia durante toda la vida pero no pueden ser evocadas porque se mantienen reprimidas, pudiendo expresarse veladamente en un síntoma neurótico o bien surgir durante la cura psicoanalítica, como por ejemplo fantasías donde la persona tiene una relación sexual incestuosa. Hay fantasías inconcientes individuales y propias de cada sujeto, pero otras son universales, a las que Freud designa como protofantasías o fantasías originarias (vida intrauterina, escena originaria, castración, seducción). Estas últimas nunca fueron reprimidas sino que son primordiales: el sujeto ya nace con ellas.

3) De acuerdo al tipo de patología donde aparecen, las fantasías pueden ser delirantes, perversas y neuróticas. Dentro de éstas últimas Freud incluye las fantasías histéricas, que a su vez pueden ser concientes, preconcientes o inconcientes.

4) También las fantasías pueden expresar deseos (por ejemplo fantaseo haciendo el amor con Juana), o expresar temores (por ejemplo la imagen del padre de Juana persiguiéndome con un revólver).

5) Finalmente encontraremos fantasías privadas, semipúblicas o públicas. Las fantasías privadas son íntimas y muy raramente son reveladas a otros porque, por ejemplo producen vergüenza, como ciertas fantasías eróticas. Las fantasías semipúblicas son aquellas que comparten dos o más personas que se conocen entre sí lo suficiente. Por ejemplo una pareja puede compartir una fantasía acerca de cómo crecerá la familia o cómo serán sus hijos. Los grupos humanos también comparten fantasías, conciente o inconcientemente, como por ejemplo que dos de sus miembros, aunque no sea cierto, tienen una relación amorosa y cuando salen a pasear van a tales o cuales lugares. Las fantasías públicas pueden ser compartidas por cualquiera. Suele ocurrir que comienzan siendo privadas, pero luego el escritor les da forma literaria para que sean disfrutadas por cualquier lector. Los mitos urbanos entran también en esta categoría.

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Qué son los pensamientos

 

Como el pensamiento es básicamente una actividad representativa, aclaremos este último concepto. Cuando vemos un árbol se nos está ‘presentando’. Al momento siguiente ya no está más, sea porque nos interesó otro objeto, porque nos desagradó ese árbol, o porque nos fuimos de ese lugar. Sin embargo, ese árbol quedó registrado mediante una ‘segunda’ presentación llamada justamente representación. Típicamente esta representación es una huella mnémica en la mente, aunque también podría haber quedado re-presentado mediante una foto, un dibujo o la misma palabra ‘árbol’ escrita en un papel.

Los pensamientos son la forma en que nos representamos algo real o algo como lo imaginamos, y constituyen la esfera de lo cognitivo. Los pensamientos son representaciones acerca de nosotros mismos, de los demás o del mundo en general. Pueden representar objetos (me imagino un gato) o acciones (me imagino acariciando un gato). Ejemplos de pensamiento son las imágenes sensoriales, recuerdos, fantasías, sueños, ideas, proyectos, prejuicios, creencias, escalas de valores, razonamientos, hipótesis, teorías, etcétera. El pensamiento no es otra cosa que la creación o transformación de representaciones mentales. El pensamiento es el proceso por el cual la mente representa objetos externos mediante objetos internos y somete a éstos últimos a diferentes cambios. Esos objetos internos los llamamos representaciones mentales, o simplemente representaciones.

Desde ya hay pensamientos más complejos, como una teoría científica, derivados de otros pensamientos más simples como la imagen de una estrella. Así como los objetos externos no están aislados y se relacionan entre sí por estar cerca, por influir unos sobre otros, etcétera, así también las representaciones mentales tienden a unirse formando cadenas y redes. A veces estos complejos representacionales son bastante fidedignos en cuanto intentan más o menos representar al mundo de los objetos externos (por ejemplo un recuerdo o una teoría científica), pero otras veces siguen sus propias reglas y ya no representan la realidad externa (por ejemplo los sueños, los chistes, las fantasías, que suelen expresar el mundo según nuestros deseos o nuestros temores).

Las relaciones que se establecen entre las representaciones pueden ser lógicas (como cuando unas se deducen o infieren de otras: “Si A se parece a B, entonces B se parece a A”, o como cuando hay relaciones de inclusión: “las manzanas están dentro de las frutas”). Las relaciones pueden también ser asociativas (representaciones que unimos por contigüidad, por semejanza, por causa-efecto, etcétera). Hay relaciones especiales como las narrativas, que incluyen las anteriores.

Fragmento de Cazau Pablo, “El territorio de la psicología”