La mente es una buscadora de placer

Las personas tienen dos maneras de obtener placer: suprimiendo el estímulo doloroso, o incorporando el estímulo placentero.

La cesación del dolor, sea físico o psicológico, genera una sensación de alivio que es experimentado como placentero. Sin embargo, las personas suelen no estar conformes con ese tiempo de alivio que puede convertirse en monótono y desprovisto de emociones, y pronto buscarán incrementar el placer buscando cualquier estímulo particularmente agradable. Paradójicamente, algunos de estos estímulos podrán ser dolorosos, como en el caso del masoquismo.

La búsqueda del placer supone una actividad donde las personas se relacionan con muchas cosas posibles: con la naturaleza (una puesta de sol), con los animales o las plantas (un perro de compañía, un huerto), con el propio cuerpo (ejercicio) y, especialmente, con las otras personas.

En el vasto mundo de los seres vivos, la búsqueda del placer tiene que ver con establecer con otros una relación beneficiosa que puede asociarse o no con el placer, y al respecto hay varias posibilidades, entre las que se cuentan las siguientes.

En el mutualismo ambos organismos se benefician. Tal el caso del pájaro que se alimenta de bichos que están sobre la piel del rinoceronte, el que de esa manera se ve libre de quienes lo molestan.

En el comensalismo un organismo se beneficia en tanto que el otro no resulta beneficiado ni perjudicado. Por ejemplo: aves que construyen sus nidos en un árbol.

En el amensalismo un organismo se perjudica (la hierba pisoteada por la vaca) y el otro no resulta beneficiado ni perjudicado (la vaca).

En el parasitismo uno se beneficia y otro se perjudica. Por ejemplo en la depredación, un animal caza a otro para subsistir.

Todas estas son relaciones interespecíficas, es decir, entre individuos de diferentes especies, pero tales relaciones las encontramos también entre individuos de misma la especie, como en la especie humana. Por ejemplo:

En el mutualismo ambos se benefician, como cuando uno vende y otro compra, o uno acaricia y otro es acariciado.

En el parasitismo uno se beneficia y otro se perjudica, como por ejemplo en los delitos (homicidio, robo, estafa, violación).

En este punto, la gran pregunta es: ¿es placentero todo lo que nos beneficia, o también puede ser algo que nos perjudica? El consumo de drogas es placentero pero también es perjudicial, mientras que una dieta sana puede no ser placentera pero es beneficiosa.

Ciertas relaciones humanas son algo más complejas, y como ejemplo mencionemos la relación que establecen las grandes corporaciones como Mac Donald’s, Facebook o Netflix con sus clientes.

Todas ellas buscan el placer de ganar dinero y para ello necesitan fidelizar al cliente de manera que consuma permanentemente sus productos o servicios. Pero, ¿cómo lograr esto? Respuesta: haciendo placentero el consumo mismo, es decir, activando el centro del placer o centro de las recompensas (Nucleus Accumbens). En el caso de Mac Donald’s ofrecerá una hamburguesa deliciosa, en el caso de Netflix una serie interminable muy interesante, y en el caso de Facebook ofreciendo la posibilidad de encontrarse con viejos amigos o de recibir muchos “Me gusta”.

Parecería no haber nada de malo en ello porque se trata de un vínculo donde todos se benefician. Sin embargo, lo placentero puede (y suele) esconder algo perjudicial: las hamburguesas pueden resultar ser comida basura, las series de Netflix podrían aletargar nuestro cerebro para no enfrentar los verdaderos problemas de nuestra vida, y la configuración de Facebook alimentar el odio y la discriminación social.

Moraleja: si encuentras algo que te da placer averigua si es al mismo tiempo beneficioso para su salud y tu crecimiento personal.Preguntate también si algo que no te da placer podría serte beneficioso.

Pablo Cazau

Sin escapar al dolor, pero sin perder la esperanza.

Pandemia y resiliencia- Reflexiones
Por Margarita Rodríguez Suárez

Cuando publiqué “Flores de plástico en un frasco de mayonesa – El re encuentro- Sobre resiliencia” en 2016, no imaginé que el concepto de resiliencia pudiera tener tanta difusión como la tiene hoy en día. Y cuando en el 2018 publicamos junto a Pablo Cazau “Fortalecidos, De vínculos resilientes” tampoco pensamos que tuviéramos que necesitar tanto de esta capacidad para atravesar adversidades. Estábamos en “la previa” a la pandemia que aparecería en el 2020 que nos trajo a nuestras vidas una situación jamás pensada. Luego de todo lo que hemos vivido en este corto lapso, nos reconforta haber podido llegar con nuestros aportes a algunas personas, muchas de ellas conociendo por primera vez el significado de “resiliencia”, otras reconociéndose resilientes y otras motivadas a mejorar su calidad de vida y para desarrollar más fortaleza para tiempos difíciles.

La pandemia ha aumentado la adversidad en el mundo, han aparecido circunstancias que jamás hubiéramos imaginado: enfermedades, muertes, pérdida de seres queridos, aislamiento, crisis económicas, pobreza, cambios de hábitos, desempleo, etc. Y en cuanto a las emociones, hubo (y hay) miedos, incertidumbre, tristezas, enojo, vergüenzas, dolor, sufrimiento, soledad y depresión, estrés y ansiedad, entre otras.

No podemos negar que todas estas situaciones externas nos han afectado, a algunos de una manera y a otros de otra. Pero, y recordando siempre a Epícteto, lo que nos perturba no son los hechos sino la interpretación que hacemos de ellos.

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La psicología cognitiva

Por Pablo Cazau 

Objeto de estudio y métodos de la psicología cognitiva.- La psicología cognitiva es un enfoque teórico dentro de la psicología, y la psicología es el estudio de la mente, entendida como el conjunto de nuestros pensamientos y afectos, y su interacción con el cuerpo y el ambiente También puede concebírsela como el estudio de la conducta en sentido amplio, es decir, todo aquello que:

* Pensamos (por ejemplo fantasear o hacer un razonamiento matemático).

* Sentimos (por ejemplo experimentar admiración, envidia, amor, odio).

* Hacemos (con el cuerpo y en tanto tenga vinculación con lo que pensamos y sentimos, como por ejemplo sonreír o escribir).

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