Descubrir las emociones

Existen muchas experiencias en la vida que funcionan como espacios de aprendizaje social, donde tenemos la oportunidad de incorporar destrezas para sobrevivir o estar bien.

Con las películas de terror aprendemos cómo lidiar con el miedo, con los partidos de fútbol aprendemos cómo lidiar con los objetos del mundo (en este caso esféricos), y con las telenovelas aprendemos cómo lidiar con el amor, el odio, la envidia o los celos. Y todo ello porque vemos cómo otras personas lidian con estas cosas.

Bailar es otra experiencia de aprendizaje. No hace mucho estábamos bailando con la murga en un corso callejero, cuando una de las bailarinas se acercó muy preocupada a una compañera más experimentada diciéndole: “¿Qué tengo? Se me escapan lágrimas y la piel se me está erizando:¿no estaré enferma?”. Y su compañera le contestó “No. Simplemente estás emocionada”. En este caso, la experiencia le fue útil para lidiar con las emociones cuando la bailarina descubrió que emocionarse no era algo feo sino algo para disfrutar. Y fue un aprendizaje social, aunque en un sentido diferente: porque lo consiguió gracias a la otra bailarina.

 

Pablo Cazau

Estar feliz o ser feliz

 

En la vida uno puede ser todo lo feliz que quiera: todo dependerá de cómo defina la felicidad.

Si la felicidad es un momento mágico, excelso, maravilloso y extraordinario, quien esto opina tendrá muy pocas oportunidades de ser feliz en su vida.

Si la felicidad es solamente algo anclado en el pasado (“tuve una niñez feliz”), quien esto opina ya no tendrá más oportunidades de ser feliz. Y si la felicidad es algo que ocurrirá en algún momento del futuro, perderá su oportunidad de ser feliz en el presente.

Para mí la felicidad es algo bastante simple y cotidiano: estoy feliz cuando estoy tranquilo, incluso en las situaciones más adversas. Lo cual ya es decir mucho en este mundo poblado de peligros reales y de peligros imaginarios generados por pensamientos negativos. Y si llegara algún momento mágico y maravilloso será bienvenido, pero no seré más feliz: simplemente estaré más feliz.

Esto nos sugiere que hay una diferencia entre estar feliz y ser feliz. Estar feliz es algo ocasional y pasajero que puede ocurrir el día que nos recibimos, nos casamos, nos divorciamos, tenemos un hijo o simplemente alguien nos abraza. Ser feliz es algo más o menos permanente que disfrutamos incluso fuera de esas ocasiones, todos los días del año. La capacidad para ser feliz puede depender de cierta ventaja genética y de una práctica constante de la meditación.

Y esto lo suelen aprender a la fuerza los moribundos, cuando descubren embelesados los cuatro milagros que nos regala la vida. El milagro de haber vivido este día, el milagro de estar tranquilo, el milagro de poder gastarse hoy estos cincuenta pesos en lo que él quiera, y el milagro de poder disfrutar de este cognac y este cigarrillo ahora que falta tan poco para la llegada de la muerte. Y es por ello que el moribundo no necesita ni estar sano, si ser millonario ni toda una vida para ser feliz.

Pablo Cazau

¿Óptimo o pésimo?

 

Algunos consideran al OPTIMISMO como una característica de personalidad. Pero otros especialistas consideran que es una cualidad anímica beneficiosa para alcanzar metas y preservar la salud.

“El optimista ve la oportunidad en toda calamidad, mientras que el pesimista ve la calamidad en toda oportunidad.” (W. Churchill)

OPTIMISMO se refiere a la propensión a ver y juzgar las cosas en su aspecto más favorable (Diccionario de la R.A.E.) como también hace mención a la doctrina filosófica que le atribuye al universo la mayor perfección posible.

OPTIMISMO viene del latín “optimum” que significa “lo mejor”. Lo opuesto es el PESIMISMO, del latín “pessimum”, que significa “lo peor”.

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