El cambio y su resistencia ¿inherente e inevitable?

“Astrónomos hubo que se negaron a mirar el cielo a través del telescopio, temiendo ver desbaratados sus errores más firmes.” José Ingenieros, El hombre mediocre

Cuando se inventó el telescopio en el siglo XVII, marcó un hito significativo en la historia de la ciencia y la astronomía. El telescopio permitió a los astrónomos observar el cielo con mucho más detalle y claridad de lo que era posible a simple vista, lo que llevó a importantes descubrimientos y avances en nuestra comprensión del universo.

El telescopio fue inventado por el científico holandés Hans Lippershey en 1608, aunque otros también estaban trabajando en dispositivos similares al mismo tiempo. Galileo Galilei, poco después de enterarse del invento, construyó su propio telescopio y comenzó a hacer observaciones astronómicas detalladas. Algunos de sus descubrimientos más importantes incluyen las lunas de Júpiter, las fases de Venus: alrededor de la Tierra, y las manchas solares.

Estos descubrimientos y otros similares cambiaron radicalmente la comprensión del cosmos y el lugar de la Tierra en él, y sentaron las bases para el desarrollo de la astronomía moderna, y aunque el invento del telescopio fue un avance significativo en la historia de la ciencia y la astronomía, también enfrentó resistencia debido a las implicaciones científicas, religiosas y sociales de las observaciones realizadas con este dispositivo.

Las sociedades responden de diversas maneras ante los cambios y el progreso, y estas respuestas pueden variar según factores como la cultura, la historia, la política y la economía. Aquí hay algunas formas comunes en que las sociedades pueden reaccionar ante el cambio y el progreso:

  1. Resistencia inicial: Al principio, los cambios suelen enfrentar resistencia debido al temor a lo desconocido, la incertidumbre sobre cómo afectarán los cambios a la vida cotidiana y el apego a las tradiciones y formas de vida establecidas. Esta resistencia puede manifestarse en forma de críticas, protestas o esfuerzos por mantener el status quo.
  2. Adaptación gradual: Con el tiempo, las sociedades tienden a adaptarse a los cambios y al progreso a medida que se vuelven más familiares y comprenden mejor sus implicaciones. Esto puede implicar la adopción de nuevas tecnologías, la modificación de normas sociales o la reestructuración de instituciones para integrar el cambio en la vida cotidiana.
  3. Innovación y creatividad: El cambio y el progreso pueden estimular la innovación y la creatividad en las sociedades. Las personas pueden encontrar nuevas formas de abordar desafíos, mejorar la calidad de vida o desarrollar soluciones a problemas emergentes. Esto puede dar lugar a avances significativos en campos como la ciencia, la tecnología, la medicina, el arte y la cultura.
  4. Desigualdad y resistencia: A menudo, los cambios y el progreso pueden exacerbar las desigualdades existentes dentro de una sociedad. Algunos grupos pueden beneficiarse más que otros, lo que puede llevar a tensiones sociales y resistencia por parte de aquellos que se sienten marginados o perjudicados por el cambio.
  5. Transformación cultural: Los cambios y el progreso pueden tener un impacto significativo en la cultura de una sociedad, incluidos los valores, las creencias, las normas y las prácticas sociales. Esto puede manifestarse en cambios en la forma en que las personas se relacionan entre sí, en la estructura familiar, en la religión, en las formas de entretenimiento y en otras áreas de la vida cultural.

La forma en que una sociedad responde depende de una variedad de factores y puede evolucionar con el tiempo a medida que cambian las circunstancias y las percepciones.

Varios autores han abordado el tema de la resistencia al cambio desde diversas perspectivas, incluyendo la psicología, la sociología, la gestión empresarial y otros campos. Algunos autores destacados que han discutido la resistencia al cambio:

  1. Kurt Lewin: Fue un psicólogo pionero en la teoría del cambio organizacional. Lewin desarrolló el modelo de «Descongelar-Cambiar-Refrezcar» (Unfreeze-Change-Refreeze), que describe el proceso de cambio organizacional y la importancia de superar la resistencia inicial para lograr una transformación efectiva.
  2. Elizabeth Kubler-Ross: Conocida por su trabajo sobre el duelo y el proceso de afrontamiento ante la muerte, Kubler-Ross identificó una serie de etapas emocionales que las personas atraviesan cuando enfrentan cambios significativos o pérdidas. Su modelo, que incluye etapas como la negación, la ira, la negociación, la depresión y la aceptación, ha sido aplicado en diversos contextos, incluido el cambio organizacional.
  3. Peter Senge: Autor de «La Quinta Disciplina» y experto en aprendizaje organizacional, Senge discute la resistencia al cambio en el contexto de los sistemas organizacionales. Destaca la importancia de comprender las «estructuras de pensamiento» arraigadas en las organizaciones que pueden obstaculizar el cambio y propone enfoques para superar esas barreras.

El cambio y su resistencia ¿inherente e inevitable?

Las tres alarmas del cerebro

Por Pablo Cazau

En nuestra mente puede dispararse en cualquier momento un estado de alarma, intranquilidad, temor o preocupación en tres situaciones distintas relacionadas con el futuro, el pasado y el presente.

1) Cuando nos invaden pensamientos catastróficos acerca de supuestas calamidades que ocurrirán en el futuro: “mi jefe quiere hablar conmigo, y seguro que me echarán del trabajo”, “mi pareja no me dio el beso de siempre, y entonces pronto me abandonará”, o “falta muy poco para el fin del mundo”.

2) Cuando somos atormentados por recuerdos negativos: “aquel día no debí dañar tanto al ser que amo”, “no debí haber elegido esa carrera”, “cómo sufrí aquel día en que me despreciaron”. Se trata de recuerdos vinculados con la culpa, el arrepentimiento o el sufrimiento.

2) Cuando tenemos ciertas percepciones acerca de experiencias actuales: “tengo un dolor fuerte y raro, entonces debo tener algo grave”, “me acabo de enterar de la muerte de mi madre”, o “hoy me robaron el celular”.

¿Cómo solemos reaccionar ante estas situaciones de alarma?

En el caso de los pensamientos catastróficos poco podemos hacer porque tendemos a considerar los eventos futuros como inevitables. En el caso de los recuerdos negativos también, porque tendemos a considerar los eventos pasados como imposibles de cambiar. Y en el caso de las percepciones actuales también porque el difícil manejar emociones muy recientes.

Entonces, ¿cómo deberíamos reaccionar?

En el caso de los pensamientos catastróficos, evaluar las probabilidades de ocurrencia del desastre futuro. En el caso de los recuerdos negativos, darles un nuevo significado que nos ayude a morigerarlos o atenuarlos. Y en el caso de las percepciones negativas actuales instrumentar acciones que nos permitan asimilarlas, superarlas o resolverlas. Por ejemplo, yendo al médico, o intentar distraerme en medio del dolor, o tomar medidas para que el robo no vuelva a suceder.


<strong>Las tres alarmas del cerebro</strong>

El pasillo del sufrimiento

Desde hace mucho tiempo Juan vive en una confortable habitación donde disfruta de cierto bienestar. El único problema es que la habitación no tiene techo, y Juan sabe que alguna vez pueden llegar tormentas eléctricas, granizos, huracanes, inundaciones, calor extremo, frío extremo, y hasta radiactividad, todo lo cual podría afectar seriamente su salud produciéndole ahogos, traumatismos craneales y cáncer.

La única forma de salir es a través de una puerta que conduce a un pasillo que lo llevará a una nueva habitación con techo, bastante más segura y confortable. El problema es que atravesar ese pasillo supondría un importante sufrimiento, y entonces decide quedarse en la habitación donde estaba. Total, hasta ahora no ocurrió ninguna catástrofe.

Y así vamos por la vida: el alcohólico, el fumador o el amante de los dulces disfruta de un relativo bienestar pero no se anima a cruzar el pasillo de la abstinencia y así poder llegar a una habitación donde estará más seguro y confortable. Sólo lo hará cuando por arriba entre smog y radiactividad produciéndole cirrosis, cáncer y otros males. El que le tiene terror al médico tampoco visitará al galeno porque ello implica gran sufrimiento por “lo que puede decirle” sobre su salud. Y entonces decide quedarse en su habitación original.

Conectarse con el dolor no significa hacerse masoquista, sino poder juntar la fuerza necesaria para cruzar el pasillo del sufrimiento, y para poder armar una estrategia para que el dolor no sea tan intenso como ir acompañado de alguien, o como hacer algo que le permita atenuar la abstinencia.

Pablo Cazau


El pasillo del sufrimiento