Estar feliz o ser feliz

 

En la vida uno puede ser todo lo feliz que quiera: todo dependerá de cómo defina la felicidad.

Si la felicidad es un momento mágico, excelso, maravilloso y extraordinario, quien esto opina tendrá muy pocas oportunidades de ser feliz en su vida.

Si la felicidad es solamente algo anclado en el pasado (“tuve una niñez feliz”), quien esto opina ya no tendrá más oportunidades de ser feliz. Y si la felicidad es algo que ocurrirá en algún momento del futuro, perderá su oportunidad de ser feliz en el presente.

Para mí la felicidad es algo bastante simple y cotidiano: estoy feliz cuando estoy tranquilo, incluso en las situaciones más adversas. Lo cual ya es decir mucho en este mundo poblado de peligros reales y de peligros imaginarios generados por pensamientos negativos. Y si llegara algún momento mágico y maravilloso será bienvenido, pero no seré más feliz: simplemente estaré más feliz.

Esto nos sugiere que hay una diferencia entre estar feliz y ser feliz. Estar feliz es algo ocasional y pasajero que puede ocurrir el día que nos recibimos, nos casamos, nos divorciamos, tenemos un hijo o simplemente alguien nos abraza. Ser feliz es algo más o menos permanente que disfrutamos incluso fuera de esas ocasiones, todos los días del año. La capacidad para ser feliz puede depender de cierta ventaja genética y de una práctica constante de la meditación.

Y esto lo suelen aprender a la fuerza los moribundos, cuando descubren embelesados los cuatro milagros que nos regala la vida. El milagro de haber vivido este día, el milagro de estar tranquilo, el milagro de poder gastarse hoy estos cincuenta pesos en lo que él quiera, y el milagro de poder disfrutar de este cognac y este cigarrillo ahora que falta tan poco para la llegada de la muerte. Y es por ello que el moribundo no necesita ni estar sano, si ser millonario ni toda una vida para ser feliz.

Pablo Cazau

¿Óptimo o pésimo?

 

Algunos consideran al OPTIMISMO como una característica de personalidad. Pero otros especialistas consideran que es una cualidad anímica beneficiosa para alcanzar metas y preservar la salud.

“El optimista ve la oportunidad en toda calamidad, mientras que el pesimista ve la calamidad en toda oportunidad.” (W. Churchill)

OPTIMISMO se refiere a la propensión a ver y juzgar las cosas en su aspecto más favorable (Diccionario de la R.A.E.) como también hace mención a la doctrina filosófica que le atribuye al universo la mayor perfección posible.

OPTIMISMO viene del latín “optimum” que significa “lo mejor”. Lo opuesto es el PESIMISMO, del latín “pessimum”, que significa “lo peor”.

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Algunas características de las creencias disfuncionales

 

Una creencia disfuncional es una creencia que influye sobre la forma de sentir y actuar de manera tal que se constituye en una fuente de infelicidad, malestar o insatisfacción permanente para el mismo sujeto o para quienes le rodean. Tal es la forma en que la psicología cognitiva suele entender el trastorno mental. Por ejemplo, “nadie puede amarme” (creencia) hará que evitemos sentir amor por otros porque siempre seremos traicionados, que nos aislemos de los demás o que desconfiemos de una caricia rechazándola. De la misma forma, la creencia “estoy gorda” hará que la persona no coma y corra el riesgo de convertirse en anoréxica. O también, “a mí no puede pasarme nada malo” podrá desencadenar un episodio maníaco que puede poner el peligro la vida o el patrimonio de una persona.

Las creencias funcionales, en cambio, son fuentes de satisfacción o bienestar permanente para el mismo sujeto y para quienes lo rodean. No son necesariamente verdaderas en el sentido empírico (o sea, que se ajusten a la realidad): una creencia funcional puede fundarse en el criterio de la autoridad, como “Dios me ayudará en este trance”.

Las creencias disfuncionales pueden agruparse a partir de ciertas características, como por ejemplo las siguientes: a) Maniqueísmo.- Las cosas son blancas o negras, sin términos medios (“este tipo es malo por donde lo mires, y no tiene nada rescatable”, “este tipo es maravilloso, no tiene defectos”, o “si no me sale perfecto, ni lo intento”). b) Sobregeneralización.- Generalización exagerada, carente de fundamento (“todas las mujeres son traicioneras”, “nadie me puede ayudar”). c) Catastrofismo.- Tendencia a pensar siempre lo peor (“me duele la cabeza: debo tener una enfermedad incurable”). d) Autoimagen distorsionada.- Creencia según la cual uno mismo se considera más capaz o valioso de lo que es, o menos capaz o valioso de lo que es (“todo lo que hago me sale mal”, o “nunca me equivoco”). e) Predestinación.- Creencia según la cual nada puede cambiarse en este mundo (incluyendo las propias creencias) y por lo tanto cualquier esfuerzo por hacerlo carece de sentido (“no puedo cambiar”). f) Atribución externa.- Creencia según la cual las cosas suceden por causas externas cuando en rigor suceden por causas internas (“soy agresivo porque los demás me obligan a serlo”). g) Pensamiento mágico.- Creencia que ciertos pensamientos o acciones producen determinados efectos cuando no hay pruebas objetivas de ello (“si cruzo los dedos ganará mi equipo de fútbol”, o “si me porto bien seré recompensado”).

Extraído de Cazau P (2014) La psicología cognitiva.