Cuando el miedo se extiende a lo social

 

Leamos un testimonio:

“Mi problema es relacionarme con la gente en determinadas situaciones, lo que me pasa es que cuando estoy en una reunión y tengo que hablar, cuando me está por tocar el turno, me pongo muy nervioso, mis manos transpiran, mi frente también y siento un temblor interior, el corazón me palpita con más fuerza y cuando tengo que hablar digo mucho menos de lo que tenía pensado decir.

Cuando hablo con otras personas estoy atento a como me miran y sé, aunque no me lo digan, que pueden estar criticándome. De chico era tímido y retraído, tenía pocos amigos en el colegio, algunos me cargaban porque hablaba poco o nada. A pesar de que trabajo muchas horas frente a una computadora, en los últimos años, la llegada de Internet y la posibilidad de chatear, me permitieron conectarme y conversar de manera virtual con muchas personas, a las que confié cosas que jamás podría hacer personalmente, y cuando algunos de ellos me propusieron encontrarnos, encontré excusas elegantes para no hacerlo.

Otra cosa que me preocupa es que, aunque me moría de ganas, nunca pude tomar la iniciativa e invitar a salir a alguna chica que me gustaba. Las veces que lo he hecho fue con algunas mujeres que tomaron la iniciativa y me lo propusieron, pero la elección fue de ellas. Estas relaciones no tuvieron mayor continuidad, porque quizás durante los encuentros, me sentía incómodo o me comportaba de manera torpe o retraída. A veces, tomando un poco de alcohol antes de ir a una reunión me siento un poco más seguro, la lengua y el cuerpo se me sueltan y puedo actuar con más naturalidad. Ese es mi problema actual, pienso que ya soy así y que esto no tiene solución, y que es una carga que tendré que llevar toda mi vida, quizás mi destino sea quedarme solo”. (1)

La gran mayoría de las personas se pone algo ansiosa cuando tiene que asistir a ciertos eventos interpersonales o sociales. Ir a una cena con el jefe, asistir a una reunión donde habrá gente desconocida, rendir un examen, una reunión del colegio, conocer los futuros suegros, una reunión entre amigos que no se ven desde hace un tiempo, hacer un trámite, etc. puede que suba nuestro nivel de ansiedad, pero no alterará demasiado nuestro ritmo de vida.

Sin embargo, puede suceder que estos acontecimientos produzcan un nivel tan elevado de ansiedad que dispare el mecanismo de evitación (lo evite, no asista), y si la persona logra asistir se va antes de tiempo o se siente mal.

Cuando estos compromisos sociales comienzan a provocar sensaciones y sentimientos muy perturbadores al punto de provocar aislamiento y deterioro en su vida cotidiana, podemos decir que estamos en presencia de un TRASTORNO DE ANSIEDAD SOCIAL ó FOBIA SOCIAL, ya traspasó el umbral de la timidez.

Muchas veces este trastorno está sub-diagnosticado, dado que cierta “timidez” a veces es considerada como un rasgo de personalidad, y las personas no suelen contar su ansiedad, directamente evitan las situaciones que les van a disparar un malestar. Esto hace que no acudan a consultas, que nunca se encare un tratamiento, y la persona comienza a convivir con un malestar intenso en forma crónica creyendo que no hay solución para su situación. Es más frecuente de lo que creemos. Se desconoce la cantidad exacta pero se estima que 1 de cada 8 personas desarrolla este trastorno en algún momento de su vida. Por lo general comienza en la adolescencia y se va instalando gradualmente, a diferencia de los ataques de pánico que aparecen en forma abrupta.

Cuáles son los síntomas del Trastorno de Ansiedad Social? (TAS)

– Temor a hacer el ridículo en público o comportarse de forma vergonzante
– Temor a que los demás les encuentren fallas, o que descubran sus incompetencias.
– Temor a ser juzgado por los demás
– Temor a sonrojarse, equivocarse, atragantarse, temblar, transpirar en público y ser descubiertos.

 

Muchas veces la ansiedad al afrontar las situaciones temidas pueden tomar forma de ataques de pánico, incluyendo síntomas como mareos, palpitaciones, taquicardia, ahogos y sudoración profusa.
Las personas usualmente tratarán de evitar las situaciones temidas y de esta manera se va restringiendo la posibilidad de vincularse con otras personas en sus áreas de vida, empeorando la calidad de sus relaciones y de su vida en general.

El Trastorno de Ansiedad Social puede ser selectivo, es decir, una persona podría tener un miedo intenso en una sola circunstancia (por ejemplo para rendir exámenes o en la relación amorosa), y no en el resto de las relaciones sociales. O puede ser generalizado (se extiende a todas las relaciones sociales).

 

Cómo es el circuito de la ansiedad en un Trastorno de Ansiedad Social?

Las personas con TAS tienden a subestimar sus habilidades sociales. Ellos creen que los demás poseen habilidades para relacionarse y que ellos no, y esto los hará aburridos, desubicados o extraños.

Ante la posibilidad de asistir a algún evento social, se dispara una elevada ansiedad anticipatoria solamente con imaginar lo que podría vivirse. Esto que imagina ya le hace sentir síntomas físicos desagradables (sonrojarse, temblar, transpirar, se les “cierra el estómago”, falta el aire, se atragantan, se marean, etc.)

También suponen (equivocadamente) que todos tendrán puesta la mirada en él y se darán cuenta de su malestar.

Si esa persona con mucho esfuerzo asiste al evento, es tanto el temor que tiene de que se produzca lo indeseado que muchas veces termina siendo una profecía auto-cumplida. No les ha pasado que si tenemos un intenso miedo a que alguien nos critique o evalúe terminamos siendo torpes o produciendo justamente lo que no queremos que pase?

Y si se ha tenido una mala actuación, esto reforzará e intensificará sus futuras preocupaciones ante futuros eventos.

Todo esto es un circuito en el que la persona está inmersa y que le provoca mucho malestar, con una intensidad que las personas que lo rodean no pueden siquiera imaginar.

 

Situaciones más comunes evitadas: hablar en público, comer en un restaurante, escribir delante de los demás, rendir exámenes, usar un baño público, hacer una cita, dirigirse a alguna persona considerada superior o de autoridad, reuniones con gente no muy conocida.

Cómo se trata este Trastorno?

– Desde la Psicología Cognitiva se examina las expectativas que tiene el individuo ante ciertas situaciones y su subjetiva percepción acerca de su propio desempeño. Esta percepción subjetiva puede estar teñida de numerosas distorsiones cognitivas que perpetúan el trastorno (por ej: piensa que toda su actuación social es un desastre, que no se es capaz de hacer nada bien.) Estas distorsiones en su forma de percibirse le hacen tener una visión aún más negativa de sí mismo, lo que le aumenta las dificultades. Los pensamientos distorsionados se cambian por otros más acordes a la realidad. Y se revisan las expectativas, dado que el individuo tiende a exagerar las capacidades de los demás, descalificando las propias.

– Desde la Psicología de la Conducta se lo expone al paciente a situaciones sociales temidas en forma gradual.Esta técnica le permite al individuo ir regulando, junto al profesional, el monto de ansiedad percibido y tolerado, haciendo “pruebas” de afrontamiento de situaciones en las que se tenga que interactuar.

– Otra de las técnicas puede ser la relajación, que puede colaborar a manejar el control de sus acciones y reacciones antes de afrontar la situación temida.

– Se efectúa un entrenamiento en habilidades sociales en general, y la persona va logrando una sensación de mayor autonomía y confianza.

– En algunas ocasiones puede ser necesario que el tratamiento se combine con psicofármacos. Eso será evaluado por el profesional pertinente.

(1) De Asociación Argentina de Trastornos de Ansiedad. – Alfredo Cía.

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