Cuando las fantasías se nos vuelven en contra

Fantasear es una forma de pensamiento que, en principio, es una de las bases de la salud mental. Fantasear es sano cuando por ejemplo imaginamos que mañana nos irá bien en un examen para el cual nos hemos preparado adecuadamente, porque así podemos reducir la ansiedad. En cambio si fantaseamos que mañana nos aplazarán a pesar de haber estudiado, lo único que conseguimos es sufrir y estar más ansiosos. Esta fantasía nos está jugando en contra.

También está jugándonos en contra cuando, si no hemos estudiado absolutamente nada y fantaseamos con que aprobaremos exitosamente, simplemente estamos autoengañándonos. Esta fantasía reduce la ansiedad, pero tiene el problema de no ser realista.

Es así que, hasta aquí, las fantasías se nos vuelven en contra cuando, o bien aumentan nuestra ansiedad más allá de lo necesario, o bien no son realistas.

Sin embargo, hay muchas otras fantasías no realistas: una mujer puede imaginar una noche con Brad Pitt, o las cosas que haría con 100 millones de dólares, o qué hermosos paisajes disfrutaría si viajara a la estrella más lejana del universo. ¿Cuándo son sanas estas fantasías? Cuando expresan anhelos o deseos en vez de temores, y cuando puede reducir momentáneamente algún pico de ansiedad generado por alguna mala experiencia. En  cambio no son sanas cuando nos conformamos con vivir refugiados en esas fantasías y con ello reducimos considerablemente nuestras actividades cotidianas como buscar una pareja más realista, disfrutar de los pocos dólares que tenemos o de los paisajes accesibles en un viaje de vacaciones a la costa.

Por último, debemos saber que hay otro grupo de fantasías que pueden jugarnos en contra. Son las más peligrosas porque son inconcientes, es decir, no sabemos que tenemos tales fantasías. El psicoanálisis se ha referido a fantasías incestuosas, fantasías masoquistas (sentir placer al ser lastimado), o fantasías homosexuales. Si estas fantasías alcanzan un grado importante de intensidad que nos lleva a cumplirlas en la realidad, nos estarán jugando en contra en la medida en que solamente logremos sufrir con ello (ser acusado de incesto, ser lastimado severamente, sentirse uno poco masculino o, en general, sentir culpa). Nadie debería sentir culpa por tener ciertas fantasías, salvo que las haga realidad.

Pablo Cazau

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