El miedo

Qué es el miedo? De qué se trata esta emoción?

Nacemos con miedos? O los aprendemos?

El miedo es una emoción muy similar a un sistema de alarma con el cual nacemos.

La ciencia ha detectado que los miedos más primitivos son el miedo a caernos (de las alturas) y el miedo a los ruidos (algún animal grande que emita sonidos de temer?).

Cuando estamos frente a una situación de peligro, todo nuestro organismo reacciona en función a él: los sentidos comunican una señal a la corteza cerebral en cuestión de segundos a través de los haces nerviosos.

Cuando recibimos un estímulo amenazante, dos estructuras cerebrales son las encargadas de procesar esa información:

1) El sistema hipocámpico: cogniciones, memoria explícita de eventos (evalúa los detalles y lo contextual).

y

2) Amígdala: emociones negativas, memoria emocional (se registran y cotejan los aspectos aversivos o atemorizantes).

Y así como existen 2 estructuras de procesamiento de información del estímulo que nos amenaza, existen 2 vías de respuesta:

1) vía rápida: de conexión subcortical más directa, vinculada con las estructuras límbicas, y por lo tanto vinculado a lo emocional (opera de modo automático o a nivel subconciente)

2) vía lenta o indirecta: es la que asciende a la corteza y es el lugar donde se elaboran en forma conciente los aspectos cognitivos propiamente dichos relacionados con la respuesta que se dará ante la situación ansiógena o que atemoriza.

Dice Alfredo H. Cía: “El estímulo condicionado, proveniente de las vías sensoriales desde el entorno exterior, se detiene primero en el tálamo y la corteza; y desde cada una de dichas estaciones se dirige al núcleo lateral de la amígdala. Este núcleo es el responsable de vincular al estímulo condicionado con el incondicionado y por consiguiente también, de integrar el recuerdo de la experiencia. Este recuerdo será de utilidad en futuros episodios.” (1)

Es decir, en el núcleo lateral de la amígdala es donde el estímulo condicionado y el incondicionado se integran y allí se interpreta y codifica el estímulo. Si desde el núcleo lateral de la amígdala se dirigen al núcleo central de la amígdala, luego se activan áreas del tronco cerebral realacionadas con el control de movimientos específicos de la conexión del miedo (respuestas de inmovilidad o congelamiento).
Pero si la respuesta es una respuesta activa, la información es derivada a otro sector, el núcleo basal de la amígdala y desde allí a circuitos motores del estriado, lo que permite una respuesta activa de afrontamiento, lo que lleva al animal a evitar exitosamente el evento que desencadenó el miedo.

Se ha demostrado que la respuesta de un afrontamiento pasivo del miedo a un afrontamiento activo y de superación, pueden ser redireccionados.

Con esto vemos que una respuesta ante el mismo estímulo de miedo puede ser redireccionada a un afrontamiento positivo, que tenemos la capacidad de hacerlo y que, por decirlo en términos generales, nuestra amígdala “aprenderá” cual es el el camino más saludable.

Debemos recordar que un estímulo amenazante nos prepara para la lucha o la huída. Pero también puede producir parálisis, tal vez la menos saludable de las respuestas.

Hay distintas clasificaciones de los miedos: partiendo de lo que dijimos anteriormente respecto al miedo a las caídas y los ruidos que parecen ser ancestrales, hay otros miedos… uno universal? el miedo a la muerte.
Algunos autores distinguen el miedo a la soledad, la impotencia y el descontrol como los miedo básicos del ser humano.
Otros autores hablan del miedo a no ser aceptados o queridos, de no ser capaces o competentes y del miedo a perder el control.
También se habla de otros miedos: miedo a lo desconocido, miedo al fracaso, a la pobreza, a la enfermedad, al dolor, a los fracasos o al éxito, etc.

Hasta ahora los mejores enfoques de tratamiento para superarlos están dentro de la escuela de la psicología cognitiva- conductual que se dirigen hacia lo siguiente:

1) Reconocer e informarse acerca de lo que a uno le sucede, leer si es necesario.
2) Se puede utilizar alguna técnica de la psicología conductista para que ese “circuito” de parálisis o pasividad que nuestro cerebro está acostumbrado a utilizar, comience a utilizar una “nueva ruta”.
3) A través del afrontamiento de los miedos y de la frecuencia en los ejercicios, se lograría un nuevo aprendizaje de afrontamiento a aquellos miedos que han ido por el camino que nos llevaba a la paralización.

Y para finalizar, recordemos que más allá de los miedos heredados ancestralmente, todos los demás son aprendidos. No nacimos con miedos. Nos los creamos. Y así como los hemos creado, podemos deshacerlos y colaborar a que nuestro sistema emocional predomine en emociones saludables y funcionales y poco a poco se deshaga el camino de las emociones disfuncionales, o mejor dicho, de aprender a controlarlas.

Por otro lado, una técnica que se ha demostrado eficaz es la meditación.
En estos videos de Krishnamurti que hablan justamente del miedo, intenta llegar a la naturaleza del mismo y las causas, de las que menciona el pensamiento, el tiempo y el deseo.  Interesante…

(1) Alfredo H. Cía “Las Ansiedad y sus Trastornos: Manual Diagnóstico y Terapéutico” (2007)

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