El Quejómetro

Hablemos de la queja

A todos nos ha pasado de quejarnos ante alguna situación que no nos agrada. Nos quejamos para expresar nuestras emociones, con (quizás) la ilusión de que las situaciones se mejoren solas.

La queja es una forma de expresión que muestra una disconformidad ante algo que nos sucede o que le sucede a otros. Pone de manifiesto algo que, a nuestro criterio, no está bien, no funciona, no corresponde, no merecemos.

Pero hay quienes hacen de la queja un hábito y hasta un estilo de vida. Nada es como ellos quisieran, y lo manifiestan en forma constante. Son esas personas de las cuales siempre esperamos su “sí, pero…”, que nos informa que siempre es posible ver lo negativo de una situación, que no tienen entusiasmo y nos lo quitan a nosotros también.

Al parecer, las personas que son muy quejosas tienen un umbral de tolerancia a la frustración bastante bajo. Muy sensibles a lo que sucede y les sucede, consideran que las cosas siempre deberían ser y estar mejor.

Esto no sería un inconveniente siempre y cuando la queja se acompañe de la acción correspondiente para cambiar esa situación. Pero no siempre ocurre eso.

En el otro extremo hay quienes nunca se quejan. En apariencia, su tolerancia a la frustración parece elevada, aceptan todo, se conforman, todo les viene bien. Sabemos que esta reacción tampoco es la más saludable, dado que muchas veces las personas no se quejan, no porque realmente acepten, sino porque tienen miedo a las reacciones que puedan producir sus quejas.

Pero volvamos a la queja constante.

Cuando una persona se queja, no está describiendo a la situación en sí misma sino la manera en que la interpreta. La queja es una interpretación con distorsiones cognitivas.

Recordemos qué son las distorsiones cognitivas: Llamamos así a aquellos errores que cometemos al pensar. Tener pensamiento distorsionado es común, lo hacemos casi todo el tiempo y muchas veces no estamos enterados dado que tendemos a atribuirle la etiqueta de verdad absoluta a nuestro pensamiento. No solemos cuestionarnos su veracidad ni darnos cuenta que un pensamiento es solo eso, un pensamiento.
De las distorsiones más habituales que cometemos al quejarnos, podemos reconocer las siguientes: :

1) Filtraje o visión de túnel- abstracción selectiva: Es ver sólo un aspecto de una situación sin ver la totalidad. En la queja estaríamos viendo solo los aspectos negativos o incompletos de algo o de alguien, no considerando los buenos aspectos.

2) Generalización: Es una extensión de un simple incidente a la situación total. Es cuando llegamos a conclusiones a través de un solo elemento, utilizando las palabras “Todos” “Siempre” “Nunca” “Jamás”, etc. En la queja se hacen generalizaciones de lo negativo.

3) Visión catastrófica: “catastrofización”, es la anticipación de un mal futuro. Son los pensamientos que empiezan con el condicional “¿Y si…?”. La visión siempre es la peor de las visiones disponibles. En la queja puede haber una anticipación negativa de los sucesos. “Nada saldrá bien”.

4) Maximizar lo negativo y minimizar lo positivo. Maximizar es exagerar. Está emparentado con la visión catastrófica, con el filtraje y con la generalización. Solo se puede ver lo malo y no se ve lo bueno de una situación. Lo bueno no se lo aprecia, es una visión sesgada. En la queja, esta es la distorsión que más habitualmente la acompaña.

5) Los “debería”: La persona se comporta según unas reglas inflexibles para consigo misma y para con los demás. Se autoimpone la perfección, es muy exigente consigo misma y con los demás. Juzga y se juzga con severidad. En la queja aparece esta insatisfacción por las cosas que “deberían” ser de una manera pero salen de otra.

Reconocer las distorsiones ayuda a que la queja deje de ser una manifestación frecuente y constante que tiende a dejarnos en un mismo lugar de insatisfacción e inactividad. Lo más útil sería que al reconocer la queja, nos movamos en la dirección a solucionar o mejorar lo que consideramos que no está bien o la detengamos, si nada se soluciona.

La queja puede ocupar tanto espacio mental que no deja lugar para que apreciemos o valoremos lo que sí tenemos. Nos impide desarrollar la gratitud, tan necesaria para salir del pesimismo y desarrollar alegría interior, factores indispensables que hacen a nuestra resiliencia.

Te invito a que instales en tu mente una “aplicación” que llamaremos QUEJÓMETRO.

El Quejómetro es un detector de queja diario. Su funcionamiento casi no requiere instrucciones: solamente saber que todas las noches debo revisar el funcionamiento del día y PUNTUAR de 0 a 10, CUÁNTO ME HE QUEJADO.

El cero corresponde a “nada” y el 10 corresponde a “queja constante por todo”.

No me extenderé en los beneficios de la utilización del Quejómetro porque eso lo irá descubriendo cada uno, casi desde el primer día de su utilización.

QUEJÓMETRO

Día: …………

Cuánto me he quejado hoy?

0 – 1 – 2 – 3 – 4 – 5 – 6 – 7 – 8 – 9 – 10