Exigencia o preferencia

 

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“Lo que perturba a las personas no son los hechos sino la interpretación que tiene de los mismos” decía Epícteto.

Sabemos que no es lo que sucede lo que me trae problemas sino lo que hago con eso que me sucede.

Lo sabemos, sí, pero cuando las cosas no suceden como las esperamos, solemos olvidar que todo está relacionado con nuestras interpretaciones, y no con los hechos o con las otras personas.

Cómo interpreto lo que me pasa día a día? Hay muchos factores que contribuyen a la construcción de la percepción de mí mismo y del mundo.

Pero podemos hacernos una pregunta simple: ¿ estoy pensando en términos de EXIGENCIA ó de PREFERENCIA?

Si mi forma de pensar, evaluar y considerar la vida es en términos de EXIGENCIA, tendré expectativas y demandas elevadas sobre mí mismo y sobre los demás, querré que los resultados sean exactamente de acuerdo a lo esperado e intentaré con todo mi esfuerzo que todo ocurra tal como lo planeé. Usaré seguido palabras como “debo”, “debes”, “debería”, “tengo que”, “tiene que”.

Esto me traerá seguramente algunos problemas conmigo mismo y de relación con algunas personas. Mis demandas pueden transformarse en exigentes y excesivas, sintiéndome con frecuencia con emociones tales como el enojo y/o la tristeza, quizás irritable e intolerante con quienes no cumplan el standard de performance o con la idea que me he hecho de las situaciones y la gente.

Si mi forma de pensar, evaluar y considerar la vida es en términos de PREFERENCIA, significa que puedo tener una idea de lo que considero mejor para mí mismo, que si me dan a elegir “preferiría” lo mejor, y que tenderé a que eso ocurra. PERO… podría suceder de otra manera. Porque mi expectativa no necesariamente será lo que ocurra. Quizás haya diferencia entre lo que quiero y lo que sucede. Pero sabiendo que puede suceder de otras maneras a las imaginadas, mis emociones estarán más controladas. Podré enojarme o estar triste, pero no me quedaré detenido tanto tiempo en emociones o conductas que me sean dañinas.

Las creencias exigentes me demoran en el camino de la salud y el bienestar.

Las creencias de preferencia me aportan apertura y flexibilidad mental, a la vez que me posibilitan una mejor adaptación y un mayor bienestar.

 

No te olvides de revisar con frecuencia el camino por el cual transitas.

Podemos estar acostumbrados a una forma de ver y actuar, pero podemos elegir cambiarla cuando nos damos cuenta que somos los que tenemos la posibilidad  y el poder de hacerlo, siendo de esta manera los constructores de nuestros propios caminos.

 

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