La música y el cerebro

 

Cómo nos afecta un tema musical? Por qué tendemos a seguir un ritmo? Por qué la música es tan antigua y para qué nos sirve?

Neurocientíficos siguen investigando qué sucede en nuestro cerebro ante la música y estas son solo algunas de sus particularidades:

1. ¿por qué no podemos sustraernos al estímulo musical? Hay investigadores que dicen que “llevamos el ritmo con el pie como mecanismo automático para aligerar el aumento de circulación sanguínea que se produce en nuestras piernas cuando escuchamos un disco.”

2. Por qué los seres humanos tenemos la habilidad especial para codificar música y distinguirla de otros sonidos? Es solamente para disfrutarla? Los seres humanos conservamos la música para nuestro deleite? El neurocientífico Francisco Mora Teruel dice que es por ECONOMÍA EVOLUTIVA: el cerebro no conserva ninguna habilidad o mecanismo que no le sea imprescindible para la supervivencia.

3. Y cómo es que la música le sirve al cerebro para la supervivencia? Cuál es su función evolutiva? Parece sencillo: si la música es algo a lo que nadie puede sustraerse, si logra disparar euforia y activa algunos mecanismos motores, es la mejor herramienta para AGLUTINAR GRUPOS SOCIALES. Las letanías y los cantos de tantos rituales aparecen en todas las culturas antiguas y modernas.

4. El instrumento más antiguo es una flauta de hace 44.000 años.

5. Investigadores de la Universidad Mc Gill de Canadá estudiaron que hay patrones muy básicos de ritmo y acordes sencillos, estructuras que todos reconocemos como música pero que la distinción entre ruido y música es un aprendizaje cultural, que la ópera china tal vez le parezca horrible a la occidental. (Robert Zatorre)

6. Temas como La Bamba (Ritchie Valens), Twist and shout (Isley Brothers) y Like a rolling stone (Bob Dylan) obedecen a la llamada “teoría de los tres acordes”, muy conocida entre los músicos: se trata de conjuntos de tres notas que, en un momento u otro, acaban apareciendo en la partitura. Por ejemplo, en el 95% de las canciones que comienzan en un acorde de do acaba apareciendo un fa y resolviéndose en un sol. No falla.

7. Zatorre también habla del poder excitante de algunas canciones que más nos gustan. A través de técnicas de neuroimagen que cuando está a punto de llegar el momento cumbre de una melodía segregamos cerca de un 6% más de dopamina, el neurotransmisor de la recompensa cerebral (la cocaína logra hasta un 12%). Y lo mejor de todo es que Bach, sin ser neurólogo, ya lo sabía.

8. Los experimentos realizados en Canadá descubrieron que las piezas más atractivas de Bach y de muchos otros genios logran una especie de feliz ansiedad e incertidumbre.
9. Los “éxitos del verano” triunfan precisamente a base de repetir el mismo estribillo cien veces y sin ocultaciones. Pero Zatorre dice que los éxitos del verano “son como los dulces: te acabas cansando de tanto comerlos y los olvidas pronto. Lo que realmente produce un placer duradero y las que retiene mejor el cerebro son melodías y estructuras más complejas, con más capas”.

10. O sea que a mayor complejidad musical, mayor disfrute, más trabaja el cerebro y más se estimula.

11. La música “representa a la vez lo más elaborado de la mente humana en cuanto a cultura y cognición (que reside en la corteza cerebral) y lo más emocional (el núcleo accumbens)”. Y eso es algo que muy pocas cosas logran con tanta eficacia como el escuchar una canción.

12. Tener buen oído y capacidad para entender y disfrutar de un buen tema musical no está relacionado con la inteligencia porque es una habilidad distinta.

13. Quienes tienen mejor sentido musical tienen un mayor grosor en las zonas de la corteza cerebral encargadas del oído, pero ahora el reto de los investigadores es saber qué porción de ese grosor se adquiere gracias al ambiente (un entorno en el que se escucha o se estudia música) y qué parte la aportan los genes. Aunque a los neurocientíficos más bien les suena que tiene más que ver la experiencia, lo que se ha oído.

14. A partir de los 18 años es muy difícil educar el oído.

15. Tocar un instrumento “refuerza conexiones cerebrales entre el procesamiento auditivo y el proceso motor; y a la inversa, cuando vas a tocar una nota con un dedo, predices cuál va a ser su sonoridad. Además, cuando la escuchas, comparas esta nota con la esperada”. (Antoni Rodríguez Fornells desde el grupo de Cognición y Plasticidad Cerebral del Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge y de la Universidad de Barcelona) De ahí el origen de las terapias musicales.

Fuente consultada: quo.es

Foto: ecualinkblog.com

Los comentarios están cerrados.