No somos responsables de nuestras fantasías

Podemos fantasear con tener una aventura extramatrimonial, con asesinar a un ser querido, con disfrutar de una relación homosexual o con torturar ferozmente a quien odiamos. A veces nos horrorizamos tanto de ellas que terminamos haciéndolas inconcientes, con lo cual seguimos teniendo las mismas fantasias sólo que no nos damos cuenta de su existencia y hasta llegaremos a negarlas enfáticamente.

Tener estas fantasias donde se libera nuestra sexualidad o nuestra agresividad no nos hace, sin embargo, malas personas o personas menos honorables. Querrámoslo o no, forman parte de nuestra mente y no hay nada que podamos hacer salvo aceptarlas.

Esto significa que no somos responsables de nuestras fantasías, y por lo tanto no podemos avergonzarnos de ellas. Sin embargo, sí somos rssponsables de lo que hacemos con esas fantasías, como por ejemplo si, tras haberlas alimentado y dejarlas crecer, las hacemos realidad. De estas cosas sí somos responsables, y es de lo único que podemos avergonzarnos y de lo único que deberemos rendir cuenta ante los demás.

Aún así, hay parejas que nos acusarán de ser infieles porque descubrieron que fantaseábamos con una aventura ilícita, lo cual resulta tan ridículo como acusar a alguien de asesino simplemente porque fantaseó con matar a alguien.

Pablo Cazau