Óptimo o pésimo?

 

Algunos consideran al OPTIMISMO como una característica de personalidad. Pero otros especialistas consideran que es una cualidad anímica beneficiosa para alcanzar metas y preservar la salud.

“El optimista ve la oportunidad en toda calamidad, mientras que el pesimista ve la calamidad en toda oportunidad.” (W. Churchill)

OPTIMISMO se refiere a la propensión a ver y juzgar las cosas en su aspecto más favorable (Diccionario de la R.A.E.) como también hace mención a la doctrina filosófica que le atribuye al universo la mayor perfección posible.

OPTIMISMO viene del latín “optimum” que significa “lo mejor”. Lo opuesto es el PESIMISMO, del latín “pessimum”, que significa “lo peor”.

Una ola hiper-optimista parece haber invadido nuestro mundo. Librerías, películas, propuestas terapéuticas, líneas psicológicas, autoayuda, filosofías u orientaciones filosóficas nos rodean queriendo hacernos comprender que tenemos la fórmula para lograr lo que parecía inalcanzable: con pensamientos positivos QUERER ES PODER, la felicidad y el éxito dependen de nosotros si cambiamos nuestros pensamientos.

Otros nos dicen que el secreto está en poseer una AUTOESTIMA elevada y consistente: “Lo que la persona piensa de sí misma es lo que determina su destino” (H. D. Thoreau). Si tenemos una elevada autoestima, podremos mantener mejores vínculos, elegir mejor nuestras actividades, desenvolvernos mejor en ellas, obtendremos mejores trabajos, etc. En cambio si nuestra autoestima es baja o frágil, nuestros vínculos pueden convertirse en tóxicos, no podremos acceder a mejores actividades, afectará a nuestros proyectos y a todo lo que queramos emprender.

Una persona muy optimista estará convencida que si nos animamos a algo, no habrá imposibles. Que no debemos auto-limitarnos, que debemos intentar para concretar. De esta manera, el poder estaría solamente en nosotros y en nuestras intenciones.

Otras líneas de pensamiento, siempre dentro del optimismo, nos dicen que la felicidad no se logra con la autoestima solamente, sino que debemos conjugar el amor, la búsqueda del costado positivo y placentero de uno mismo, de los otros y del entorno y de grandes dosis de gratitud (Rhonda Byrne “El poder”).

 

Pero con esto es suficiente? Pensamientos positivos, una autoestima elevada, confianza y optimismo, amor y gratitud?

Del otro lado de la balanza están los críticos y los que tienen tendencia a ver el otro polo de la situación: los pesimistas? Ellos dicen que todas éstas son “burbujas irracionales”, y que el optimismo ciego nos lleva al “síndrome del necio”: “qué extraño síndrome ha llevado a tantos a tomar los ladrillos por lingotes de oro o a invertir todos sus ahorros en acciones de una compañía en pérdidas de la que solo sabe el nombre?” (Fernando Trias de Bes en “El hombre que cambió su casa por un tulipán”).

Antes de esto, el escritor y filósofo Voltaire escribió su cuento “Cándido o el optimismo” (en 1759) como una sátira al optimismo de Leibniz de la época. El precepto de Leibinz era «todo sucede para bien en este, el mejor de los mundos posibles”. El personaje Cándido de Voltaire pasa por las peores desgracias y miserias humanas pero siempre enarbolando este precepto optimista. Voltaire, que tenía un moderado pesimismo, se basa en que “Il faut cultiver notre jardin” (Hay que cultivar nuestro jardín) refiriéndose a que el mundo tal cual nunca cambiará, que es imposible cambiarlo, pero que si nos preocupamos por mejorar lo más cercano, lo que nos rodea, podemos llevar una vida relativamente próspera.

En esta línea la profesora de psicología Julie K. Norem (“El poder positivo del pensamiento negativo”) nos habla de un PESIMISMO CONSTRUCTIVO: sería un mecanismo adaptativo que nos motiva y los lleva a acciones eficaces y que nos da la posibilidad de revertir algún resultado negativo. O sea que pensar que algo puede fallar puede hacer que perdamos la motivación o que nos lleve a redoblar los esfuerzos para alcanzar el éxito. Es decir, que una dosis de pesimismo podría ser muy efectivo.

La Psicología Cognitiva se para en una postura parecida: el Dr. en Psicología Eduardo Keegan, Director del Posgrado en Terapia Cognitiva, de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y Presidente de la Asociación Argentina de Terapia Cognitiva, dice que no cree en las posturas que quieren hacer invisibles a las emociones negativas. “El intento por suprimirlas puede tener como resultado el incremento de esas emociones negativas. No se trata de reemplazar pensamientos negativos con pensamientos positivos…Hacerlo es casi una receta para el malestar”.

 

Se trataría de poder encontrar un equilibrio entre el hiper-optimismo y el pesimismo paralizante.

“El optimismo es la capacidad de esperar eventos razonablemente positivos incluso sin que haya demasiados fundamentos para esperarlos. Es por eso que, frente a un episodio negativo, la persona optimista lo va a interpretar como una circunstancia eventual y la pesimista lo va a vincular consigo misma, va a transformar este hecho en una regla genérica. Si a la primera le va mal en un examen, va a pensar ‘me fue mal esta vez porque quizás era excepcionalmente difícil y tendré que prepararme mejor’ mientras que la segunda va a sostener ‘me va mal porque soy un desastre y siempre me va a ir mal’. Ante cualquier situación indeseada pensará ‘yo tengo la culpa, esto abarca toda mi vida y la va a abarcar para siempre’. Eso hace que esta última sea más vulnerable a los eventos negativos”, explica Eduardo Keegan.
La postura de la Psicología Cognitiva sería la de un “optimismo realista”.

Recordemos que cierto optimismo es también un componente de la resiliencia.

Cuál es tu postura? Hiper-optimismo, optimismo realista, pesimismo constructivo, pesimismo.
Hay algunas posturas demasiado extremas que no dejan abiertas las puertas a algo diferente, y menos al cambio.

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