¿La psicopatía es una cuestión genetica o ambiental?

¿El psicópata nace o se hace?

Algunas investigaciones en neurociencias han constatado que existen diferencias observables entre el cerebro de un psicópata y de un no psicópata, como por ejemplo a nivel del lóbulo frontal y de la amígdala.

Como tales diferencias fueron estudiadas en cerebros de personas adultas, persiste la duda acerca de si ellas se deben a factores genéticos o al ambiente, habida cuenta de que la educación recibida o las experiencias infantiles, ambos factores ambientales, pueden modificar la anatomía y la fisiología cerebral (neuroplasticidad).

Cabria entonces investigar còmo era el cerebro de estas personas cuando eran bebes, y si las diferencias anatómicas existen ya desde tan temprana edad, entonces el factor genético adquiere mucha importancia en la psicopatía, ya que la educación o las experiencias infantiles no hubiesen tenido tiempo de generar esas diferencias.

Este problema podría encararse fructíferamente desde la teoría de las series complementarias, y entonces podríamos enunciar las siguientes hipótesis:

1) Si incide el factor genético (hay diferencias significativas en los cerebros infantiles) pero no incide el factor ambiental (buena educación, buenas experiencias), o bien si no incide el factor genético (no hay diferencias en los cerebros infantiles) pero incide el factor ambiental (educación inadecuada, malas experiencias infantiles), entonces el adulto tendrá algunos rasgos psicopáticos pero no alcanzaran para calificarlo como psicópata y será considerado una buena persona.

2) Sòlo si inciden negativamente y conjuntamente los factores genéticos y ambientales (anatomía cerebral y ambiente disfuncionales), se instalarà una personalidad psicopática. En otras palabras: el psicópata en parte nace y en parte se hace.

Pablo Cazau

Traumas generacionales y traumas colectivos

¿Cómo se cumplirían los procesos de amnesia y resignificación en los traumas generacionales y colectivos?

Los primeros son aquellos cuyos efectos se transmiten de generación en generación, sea a través de los genes, sea a través de sutiles e invisibles influencias de un cerebro a otro mediante mecanismos de identificación u otros. El trauma del abuelo que sufrió la experiencia del atentado a las torres gemelas puede transmitirse a sus nietos, quienes por esa razón estarán más expuestos al estrés. Parece ser que también existen periodos altamente sensibles: el abuelo tuvo que haber vivido el 11 de septiembre en su pubertad, y la abuela mientras estaba en el útero de su madre, que son los momentos en que se forman los espermatozoides y óvulos, respectivamente, que darán origen a la siguiente generación. De hecho, experimentos realizados con ratas revelaron que cuando una rata era expuesta a sustancias tóxicas ambientales, un 85% de su descendencia adquiría la enfermedad derivada de esa intoxicación a lo largo de al menos tres generaciones. En otras palabras, heredaban la patología en forma epigenética.

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El narcisismo según Kohut

Los orígenes del narcisismo.- Más allá de las necesidades biológicas, el ser humano tiene también ciertas necesidades psicológicas que, para ser satisfechas, requieren la presencia de otro ser humano. Kohut identifica tres de estas necesidades:

  1. a) Necesidad de ser admirado.- Niños y adultos buscan en mayor o menor medida alguien que los admire, los halague, les diga “qué inteligente eres”, “qué bello eres”, o “qué bien que haces las cosas”. No se trata necesariamente de amor, sino de reconocimiento y admiración. El adulto puede pedir que lo admiren cuando exhibe su fortaleza, su inteligencia o su cuerpo.
  2. b) Necesidad de admirar.- Las personas necesitan también admirar valores o ideales que orienten su vida. Esta necesidad suele encarnarse en una persona-modelo como la madre, el padre, un líder, un ídolo, un maestro, o bien en valores abstractos como ideales de vida: la honestidad, la sabiduría o la templanza. No es infrecuente escuchar en los niños “cuando sea grande quiero ser bombero” o “quiero ser fuerte como mi papá”. Brenda, una niña de 11 años, decía: “a mí me gusta ser la segunda de los hermanos, porque el primero no tiene de quien tomar ejemplos”.
  3. c) Necesidad de compartir.- Todos necesitan también contar con una suerte de gemelo para compartir experiencias, de estar acompañados, de desarrollar juntos proyectos, talentos y aptitudes. El niño lo expresa diciendo cosas como “¿vamos a jugar juntos?” o “papá, ayúdame con esto”, o interactuando con un amigo imaginario. Los adultos aprovechan situaciones donde puedan encontrarse y compartir experiencias con otros.

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