Qué son los pensamientos

 

Como el pensamiento es básicamente una actividad representativa, aclaremos este último concepto. Cuando vemos un árbol se nos está ‘presentando’. Al momento siguiente ya no está más, sea porque nos interesó otro objeto, porque nos desagradó ese árbol, o porque nos fuimos de ese lugar. Sin embargo, ese árbol quedó registrado mediante una ‘segunda’ presentación llamada justamente representación. Típicamente esta representación es una huella mnémica en la mente, aunque también podría haber quedado re-presentado mediante una foto, un dibujo o la misma palabra ‘árbol’ escrita en un papel.

Los pensamientos son la forma en que nos representamos algo real o algo como lo imaginamos, y constituyen la esfera de lo cognitivo. Los pensamientos son representaciones acerca de nosotros mismos, de los demás o del mundo en general. Pueden representar objetos (me imagino un gato) o acciones (me imagino acariciando un gato). Ejemplos de pensamiento son las imágenes sensoriales, recuerdos, fantasías, sueños, ideas, proyectos, prejuicios, creencias, escalas de valores, razonamientos, hipótesis, teorías, etcétera. El pensamiento no es otra cosa que la creación o transformación de representaciones mentales. El pensamiento es el proceso por el cual la mente representa objetos externos mediante objetos internos y somete a éstos últimos a diferentes cambios. Esos objetos internos los llamamos representaciones mentales, o simplemente representaciones.

Desde ya hay pensamientos más complejos, como una teoría científica, derivados de otros pensamientos más simples como la imagen de una estrella. Así como los objetos externos no están aislados y se relacionan entre sí por estar cerca, por influir unos sobre otros, etcétera, así también las representaciones mentales tienden a unirse formando cadenas y redes. A veces estos complejos representacionales son bastante fidedignos en cuanto intentan más o menos representar al mundo de los objetos externos (por ejemplo un recuerdo o una teoría científica), pero otras veces siguen sus propias reglas y ya no representan la realidad externa (por ejemplo los sueños, los chistes, las fantasías, que suelen expresar el mundo según nuestros deseos o nuestros temores).

Las relaciones que se establecen entre las representaciones pueden ser lógicas (como cuando unas se deducen o infieren de otras: “Si A se parece a B, entonces B se parece a A”, o como cuando hay relaciones de inclusión: “las manzanas están dentro de las frutas”). Las relaciones pueden también ser asociativas (representaciones que unimos por contigüidad, por semejanza, por causa-efecto, etcétera). Hay relaciones especiales como las narrativas, que incluyen las anteriores.

Fragmento de Cazau Pablo, “El territorio de la psicología”

Distorsión cognitiva y fanatismo

fanatismo5

Llamamos “distorsiones cognitivas” a aquellos errores que cometemos al pensar. Tener pensamiento distorsionado es común, lo hacemos casi todo el tiempo y muchas veces no estamos enterados.
El pensamiento con distorsiones es casi siempre la causa de malentendidos, el origen de conflictos, la base de muchos trastornos mentales e inclusive la causa de casi todos los problemas sociales que tenemos y hemos tenido a lo largo de nuestra historia.

Sigue leyendo

La repetición no implica mayor veracidad

Solemos tomar en cuenta la frase del filósofo Epícteto que decía que lo que perturbaba a las personas no eran los hechos sino la interpretación que hacía de los mismos. Nuestra opinión, nuestros pensamientos acerca de los hechos, serán quienes tengan una influencia decisiva sobre nuestras emociones y sobre nuestras conductas.

Solemos también reconocer que tenemos pensamientos llenos de distorsiones, de errores. Pensamientos basados en creencias, algunas veces disfuncionales, que nos llevarán a padecer desde malestares hasta verdaderos trastornos.

La Psicología Cognitiva ha difundido las distorsiones cognitivas más frecuentes. Para profundizar en el conocimiento de estas distorsiones podemos recurrir a las FALACIAS de la Lógica, falacias que se utilizan muchas veces en Derecho y en Política.

Una FALACIA (o sofisma) es un razonamiento incorrecto pero que aparenta ser correcto. Se apoya en la Lógica y en la Teoría de la Argumentación, aparenta ser válido pero solo es persuasivo, es decir, no es válido pero intenta aparentar serlo.

Una falacia es la llamada “Argumentum ad náuseam”. Es un tipo de razonamiento, expresamente dirigido a persuadir en las emociones de quienes escuchan.

Consiste en que un razonamiento, repetido hasta el hastío (ad náuseam) intenta convencer de su veracidad al receptor que lo escucha. La persona creerá así que una afirmación tiene más probabilidades de ser cierta o aceptada como verdad cuantas más veces la haya oído.

Pero por mucho que algo se haya repetido y que se haya puesto mucho esfuerzo en ello, esto no hace que la afirmación sea más real o verdadera.

Esta falacia viene de la falsa creencia de que si alguien dedica mucha energía en la repetición de un mensaje es porque éste tiene más probabilidades de ser cierto.

Reconozcamos cuántas veces hemos escuchado ad náuseam ciertas afirmaciones (en nuestra historia familiar, a lo largo de nuestra trayectoria educativa, cuando nos hemos vinculado con amistades o parejas, o a través de la propaganda ideológica – religión y política-.) y recordemos que, tal como nos marca esta falacia, que la repetición no implica mayor veracidad.