Personas problemáticas y relaciones problemáticas

Personas problemáticas son aquellas que perturban nuestra vida generándonos un malestar significativo, y hasta tanto no hayamos podido expulsarlas de nuestra existencia, seguiremos manteniendo con ellas una relación igualmente problemática. El asunto resulta más difícil de resolver si de esa persona dependemos afectivamente (“la quiero”), económicamente (“me mantiene”), paliativamente, si se nos permite la expresión (“cuida mi salud”), o de cualquier otra manera.

Nadie es perfecto. Todos tenemos nuestras cosas pero ello no implica necesariamente una relación problemática.

Hay personas quejosas, celosas, obsesivas, envidiosas, intolerantes, desaseadas, racistas, aburridas, avaras, cínicas, codiciosas, descorteses, deshonestas, desordenadas, entrometidas, malhumoradas, holgazanas, pesimistas, agresivas, pegajosas, impacientes, impuntuales, indecisas, indiscretas, inflexibles, irascibles, irresponsables, posesivas, vengativas y testarudas, pero si esas características no nos perturban demasiado y quedan compensadas con atributos positivos, simplemente encajarán en una escala de problematicidad baja y seguiremos adelante con la relación. De hecho, hasta la que consideramos la mejor persona del mundo tiene algo que no nos gusta, salvo que la hayamos idealizado.

Entonces, ¿cuáles son las personas situadas en una escala alta de problematicidad, donde el balance entre lo “bueno” y lo “malo” nos obliga a deshacernos de ellas o a evitarlas? En un orden de menor a mayor, esas personas son el narcisista, el sádico y el psicópata, siendo el denominador común a todas ellas el egoísmo.

El narcisista dice “sólo me amo a mí mismo, y los demás sólo sirven para que me amen y admiren”.

El sádico dice “sólo encuentro el máximo placer haciendo sufrir a los demás sin su consentimiento”.

El psicópata dice “sólo me interesa mi propio beneficio y para ello manipulo a los demás, con quienes no empatizo, incluso si se ven perjudicados”.

De todos ellos el peor es el psicópata, más que nada porque puede ocultar su condición.

El psicópata no ha elegido ser una mala persona ni puede elegir dejar de serlo, pero si esto nos despertase compasión, seríamos una presa más fácil para ellos ya que uno de sus trucos consiste en hacerse la víctima. Los psicópatas no se reconocen a sí mismos como tales: para ellos los psicópatas son los demás.

Las etapas de la relación problemática con un psicópata son las siguientes: 1) Comienza identificando a una víctima que puede servirle para lograr sus propósitos. Los puntos débiles le permitirán controlar sus ideas, sentimientos y conductas. 2) El psicópata comienza a controlar mentalmente a la víctima (y a veces físicamente), y lo hace de dos maneras: vigilándola y manipulándola. 3) El psicópata comienza a obtener beneficios, mientras la víctima está cada vez más lastimada y desampararada. 4) Como casi siempre la víctima es incapaz de reconocer al psicópata, necesitará la ayuda de alguien de afuera para romper el vínculo. 5) El psicópata termina de controlar a su víctima cuando ésta decide finalmente alejarse de él. Probablemente se ponga agresivo, pero finalmente buscará una nueva víctima.

Pablo Cazau