Resiliencia y Sesgo de Supervivencia

Durante la Segunda Guerra Mundial, con el objetivo de reducir el número de aviones derribados por el enemigo, los aliados estudiaron dónde habían sufrido más daños los aviones que regresaban. De esta manera podrían reforzar esas partes.

Vemos en el dibujo los puntos rojos que marcaban los mayores daños: concluyeron que debían reforzar las puntas de las alas, los timones y el centro del avión, porque allí habían tenido más cantidad de impactos.

Pero fue Abraham Wald (1), un estadístico que trabajaba para Defensa, quien propuso algo distinto: reforzar las áreas donde no había impactos.

¿Por qué?

Wald explicó que lo que no se había considerado en el estudio es que se había hecho solo sobre los aviones que habían regresado a la base. Los que habían sobrevivido.

Pero… y aquellos que no habían regresado? Supuso que la distribución de los impactos había sido más o menos homogénea en todos los aviones, por lo que aquellos impactos que no se veían en los que habían regresado eran justamente aquellos puntos que habían hecho que los aviones fueran derribados.

El estudio entonces tenía un sesgo (visión o interpretación parcial). Se lo llamó SESGO DE SUPERVIVENCIA.

Cuando hablamos de RESILIENCIA, escuchamos muchísimos casos de historias inspiradoras, personas que han podido atravesar adversidades y han podido transformarse, encontrarle sentido a su vida y seguir adelante. Son como esos aviones que llegan a la base. Los que sobreviven.

Pero al estudiar la resiliencia podríamos estar cometiendo el mismo sesgo de supervivencia: tomar como ejemplos solo los casos de aquellos sobrevivientes y omitir aquellos que no han podido atravesar la adversidad.

¿Cuáles son aquellos puntos que hacen que una persona no pueda desarrollar la capacidad de resiliencia?

Existen los llamados “factores de vulnerabilidad”  que dependen de la historia de la persona, sus circunstancias de vida y su personalidad. Hablamos de los miedos, de las creencias y de la indefensión aprendida, así como de no haber desarrollado siquiera un solo vínculo de apego en la infancia. Estos son principalmente los más comunes factores de riesgo.

También hay resiliencias fallidas como en el caso de algunas demencias o las psicopatías. Pero sacando esos casos, y aunque todos tenemos la capacidad de desarrollar esta capacidad, primero es necesario reconocer cuáles son los “puntos débiles”, de vulnerabilidad, antes de desarrollar los fuertes.

Estos “puntos débiles”, los llamados factores de riesgo o vulnerabilidad, son los que podrían impedir desarrollar la resiliencia o demorarla. Son los puntos que podrían hacer fracasar el trayecto.

Entonces se necesita saber si existen este tipo de factores y cuáles son, sabiendo que en cada persona será diferente. Y a partir de allí, podemos entonces dirigirnos a desarrollar aquellas características que hacen a la resiliencia.

De no hacer esto, podríamos estar considerando a la resiliencia de una forma sesgada (para uno mismo y para con los otros), omitiendo aquellos aspectos oscuros que podrían derribar realmente el vuelo, impidiendo que se pueda sobrevivir y además, se estaría cayendo en una postura hiper optimista (sesgada).

 

Sesgo de supervivencia: es el error lógico de concentrarse en los supervivientes y omitir aquellos que no sobrevivieron debido a su falta de visibilidad. Esto lleva a creencias excesivamente optimistas porque se ignoran los fracasos.”

 

(1) Abraham Wald (1902, Rumania – 1950,  India) fue un matemático que hizo importantes contribuciones a la teoría de la decisión, la geometría, la economía y que fundó el análisis secuencial.