Sobre el enojo, la ira y las emociones violentas

La actualidad, a través de los medios de comunicación, nos dan cuenta de hechos considerados delito en los que interviene la ira de la mano de la agresividad y la violencia.

Qué es la ira?

 

La ira es una emoción natural de respuesta, una reacción que nos permite enfrentar amenazas. Estas amenazas para algunos pueden estar relacionadas con la auto-preservación (cuando los animales o los humanos nos sentimos atrapados o atormentados). También es un modo de respuesta relacionado con la percepción de un daño o trato injusto efectuado de forma malintencionada, cuando han tocado nuestra dignidad.

Veamos cómo es esta emoción:


Puede ocurrir que hay hechos que “nos enojan”.
Nuestra presión arterial se eleva. También se eleva la frecuencia cardíaca a la par de los niveles de testosterona. Nos preparamos para “el ataque”.

El enojo (enfado) se transforma en ira por una cuestión de intensidad. Se le agrega casi siempre irritabilidad, agresividad y el organismo se prepara para el ataque o la defensa.

Pero la ira tiene “mala prensa”. Revisemos algunos mitos acerca de la ira:

. No debo enojarme, porque no es correcto estar enojado.
. Si soy una buena persona no puedo estar enojado.
. La gente se alejará de mí si me muestro enojado.
. Enojarse es perder el control y volverme loco.
. Si se enojan conmigo es porque algo malo habré hecho.
. Si alguien se enoja conmigo, tengo la obligación de acercarme para recomponer sus sentimientos.
. Los demás no tienen que enojarse nunca conmigo.
. Enojarme con alguien significa terminar la relación
. Si alguien me hace enojar debo castigarlo.
. Enojarse con una persona significa que ya no la amo.
. Si estoy enojado con alguien tengo que pegarle, romper algo o gritarle.
. Si alguien se enoja conmigo significa que ya no me ama.
. Sentir ira es pecado.

Como decíamos antes, a veces podemos sentirnos enojados. Démonos permiso para sentirlo sin juzgarnos al punto de sentirnos culpables. Tenemos que darnos cuenta que es solo una energía emocional, que a veces viene de la mano del miedo o del hecho de sentirme herido, avergonzado, humillado, en suma indignado. He percibido un daño y he tratado de defenderme de él.

Tenemos que darnos cuenta y reconocer que no hay un hecho en sí que despierte nuestra ira, sino más bien lo que percibimos como “daño” y todas las percepciones pueden ser diferentes de acuerdo a los diferentes individuos.
La percepción del daño se hace con pensamientos, con interpretaciones, son los pensamientos que estamos teniendo respecto a esos hechos y ellos despiertan “al monstruo”.

Es muy bueno poder reconocer cuáles son esos pensamientos que estamos teniendo y en esos momentos nos puede ser de mucha utilidad el escribir, o hablar con alguien, o hablar solos! Si sacamos a la luz cuáles son esos pensamientos, ya estamos bajando la intensidad de esta emoción y podemos preguntarnos si lo que estamos pensando es realmente así o es la forma en que yo veo la situación.

En definitiva, tenemos que darnos cuenta que los pensamientos no necesariamente son “la verdad”, sino solo eso, pensamientos, formas de interpretar una situación.

Una vez que hemos identificado cuáles son esos pensamientos “de alto voltaje”, tenemos que averiguar si es preciso que tomemos alguna decisión respecto a los hechos.

No tomemos decisiones si nos sentimos aún con ira o confusos en nuestros sentimientos.

Me pregunto entonces:

Hay algún problema que deba ser atendido?
Hay algo que pueda mejorarse?
Hay algo de mí que deba mejorar?

La ira nos está informando que hay un problema. Y tenemos que averiguar cuál es.

Por ejemplo: muchas veces nuestra ira proviene de alguna necesidad insatisfecha, y podemos llegar a enojarnos con alguien del cual esperamos que satisfaga esa necesidad propia. En ese caso, tenemos que poder detectar qué estamos esperando de esa persona y si fuera necesario podemos hablarlo y pedírselo, o reflexionar acerca de si es correcto que eso que espero me lo tenga que proveer otro en vez de yo mismo.

 

Si bien la ira es una emoción más intensa que el enojo y es una señal de que algo sucede, tenemos que tratar de que no nos controle. Tenemos que poder detenernos cuando sentimos ese estado de “furia” y si notamos que tenemos un grado de ira en el que estaríamos por perder el control, lo mejor es salir del lugar, ir a otra habitación, dar una vuelta si es posible, y serenarse, calmarse, y luego averiguar qué es lo que podemos hacer.

Otra forma de serenarnos, es “quemar energía”: hacer ejercicio, algún deporte, ir a bailar, limpiar y ordenar, salir a caminar, bailar, escuchar música, arreglar el jardín, etc.

Si la ira es de otra persona, no tenemos que responder con más ira porque acrecentaría la agresividad. Hay veces que no es conveniente exponerse y poner en peligro nuestra seguridad y no tenemos que sentirnos cercados o controlados por la ira de los otros. Si es posible, también se pacta una “tregua”, hasta que la otra persona se calme.

Cuando el “clima” se ha calmado, es bueno hablar sobre la ira. Es saludable asumir la responsabilidad de lo que sentimos. Podemos decir “me enoja cuando haces esto..”

También ayuda hablar con otras personas de confianza porque pueden hacernos ver cosas que no podíamos ver. Si estamos enojados perdemos objetividad, empatía, prudencia, paciencia y nuestra capacidad de procesar información. Por eso es tan necesario poder salir de esa emoción antes de tomar alguna decisión o hablar con otros hasta que sintamos que recuperamos el equilibrio emocional.

Todos sentimos ira alguna vez. Si lo reconocemos y nos damos cuenta que es un “alerta” para que inspeccionemos qué nos está sucediendo, esta emoción la podremos controlar cuando aparezca.

Para que no aparezca tan seguido, es bueno estar con un buen nivel de autoestima, saber qué queremos para nuestra vida e ir tras ello, tras nuestros objetivos. La confusión respecto a lo que quiero para mi vida puede ser un factor clave que despierte la ira hacia otros o ser víctima de la ira de los demás.

Expectativas irreales o poco realistas pueden despertarla también. No podemos hacer responsables a los demás de nuestro cuidado cuando nosotros no lo hacemos. Por eso es bueno reflexionar sobre lo que necesitamos, cuáles son los pasos para cambiar y para ir en busca de mi propio bienestar.

 

En resumen: la ira, cuando aparece, nos puede ayudar a movilizar recursos psicológicos impulsándonos a la corrección de algunas conductas y a mejorar las cogniciones y su interpretación de los hechos. También nos puede ayudar a mejorar la comunicación y la calidad de nuestros vínculos.
La ira no necesariamente va de la mano de la agresividad y la violencia, pero la ira las acrecienta.

Si la ira se ha instalado como forma de relación, de nosotros hacia otro o de otro hacia nosotros, si la ira viene junto a la agresión y a la violencia (física, verbal o psicológica), si sentimos que estamos perdiendo el control o alguien cercano a nosotros lo está perdiendo, podemos estar en presencia de otros problemas o trastornos para los cuales es conveniente una ayuda profesional.

Muchas muertes podrían haberse evitado si las personas hubieran tenido conocimiento acerca de que esta emoción, la ira, transita sobre un delgado límite con la violencia física y/o verbal . Y que ante las primeras señales tenemos que estar atentos, tanto en uno como en los demás, porque de la ira a la violencia hay una escalada ascendente de gran velocidad.

Qué es la Emoción violenta?

Según nuestro Código Penal (art.81, inc.1), “es un estado en que la emoción ha hecho perderle al sujeto el pleno dominio de su capacidad reflexiva y disminuir sus frenos inhibitorios, sin llegar a producir la profunda turbación de conciencia, que conduciría a la inimputabilidad. El homicidio emocional, aunque atenúe penas no dejará, por ello, de ser homicidio doloso.” (1)

“La expresión “estado de emoción violenta” se refiere a un fuerte estallido de origen afectivo. El o los factores desencadenantes pueden o no ser conocidos con anterioridad por el sujeto. La conducta del agente durante el estado emocional violento guarda relación con la naturaleza de la crisis de los sentimientos que la condiciona”.(1)

(1) legales.com

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