Sobre la culpa

 

La culpa es una emoción que conocemos desde niños, porque la aprendemos en esa etapa.
A menudo se utiliza como mecanismo de manipulación: generando culpa se obtiene algo que tal vez la otra persona no quiere dar, pero se siente obligada porque su sentimiento, en caso de no acceder, puede ser torturante.

La culpa, una vez instalada y sin revisar, puede ser un factor de intenso malestar psicológico, interviniendo en diversos tipos de trastornos psíquicos, incluyendo los trastornos de ansiedad, las depresiones, etc.

Nadie quiere quedarse con ella, es como una “papa caliente”. Es común observar que tendemos inmediatamente a proyectarla en los demás.

Se puede eliminar la culpa?

Primer debemos reconocer de qué clase de culpa estamos hablando.

1. Nos hemos equivocado, algo hicimos mal. No somos perfectos y podemos cometer errores. La culpa aparece cuando creemos que deberíamos ser perfectos… y quién dijo que debíamos ser perfectos? La culpa se une a la vergüenza, y nos torturamos con lo que tendríamos que haber hecho. Tenemos que pensar que siempre hacemos lo mejor que podemos, en el tiempo que nos toca, y con los recursos de los que disponemos. Hemos hecho lo mejor que podíamos en esa situación. Por lo tanto, no cabe la culpa.
Un error es una instancia de aprendizaje. Y si me doy cuenta de eso, intentaré aprender de la experiencia para no repetir el mismo error. Por lo tanto: no hablemos más de culpas en estas situaciones.

2. Nos culpamos porque podríamos haber evitado…” No, no pudimos haber evitado, porque si no lo hubiéramos hecho. Y si no pudimos evitar es porque EN ESE MOMENTO no teníamos la posibilidad de hacerlo. Como siempre buscamos lo mejor, de haber tenido la posibilidad o la ocurrencia, lo hubiéramos hecho sin dudarlo.

3. Si hemos hecho un daño a alguna persona y nos damos cuenta que nos excedimos, si estamos a tiempo podemos disculparnos con esa persona (reparación). Y si no es posible ya hacerlo, volvemos a pensar lo del punto 2: en ese momento se sintió así, pudo ser un exabrupto, una mala acción, no adrede sino guiados por emociones exageradas. Aprenderemos a controlar mejor nuestras emociones que puedan dañar o herir a otras personas. El reconocimiento sincero,honesto, sobre nuestros puntos a mejorar, elimina automáticamente la culpa. Trabajamos para estar mejor.

4. Si nos hemos hecho daño a nosotros mismos, de nada sirve lamentarse, culparse o quejarse. Se toman las riendas de nuestro accionar y se puede hacer algo para mejorar.

5. Muchas veces somos depositarios de culpas ajenas. Las expectativas de los otros puestas sobre nosotros, nos son reclamadas, y al no poder cumplirlas nos sentimos culpables. Pero acaso no se trata de desilusiones ajenas? En ese caso, hay que poder tomar distancia y darse cuenta que no podemos sentirnos culpables por no complacer expectativas de los otros.

Las culpas siempre están referidas al pasado. Debería ser una llamada de atención a mejorar y modificar nuestras conductas, siempre pensando en el presente y el futuro.

La tortura y la idea obsesiva acerca de la culpa es destructiva y nos encierra aún más en un circuito vicioso que no nos deja vivir en paz.

Lo mejor? Hablarlo, contarlo, sacarla de adentro. Es lo más saludable y ayuda a comprenderla mejor.