Alimentación y mente

 

Diversas investigaciones han constatado la influencia de la alimentación sobre la mente. Hay alimentos que favorecen el buen humor, la agilidad mental o la memoria, mientras que otros producen ansiedad o depresión creando las condiciones para el surgimiento de esos pensamientos negativos que tan poco contribuyen al bienestar de las personas.

Una buena alimentación no sólo disminuye las probabilidades de enfermarnos físicamente, sino también las de enfermarnos mentalmente. Pero, ¿qué es una buena alimentación?  Nadie tiene una respuesta definitiva, salvo algunos gurúes que se creen dueños de la verdad. Sin embargo, algunos puntos importantes pueden orientarnos al respecto, y que pueden constituir el decálogo de una alimentación sana.

1) Una buena alimentación debe cubrir los requerimientos diarios de carbohidratos, grasas, proteínas, vitaminas y minerales, y no debe faltar ninguna de estas cinco sustancias.

2) La cantidad y el tipo de tales sustancias dependerá de las actividades que realiza la persona, de sus patologías, y de sus objetivos. Respecto de estos últimos, hay quienes buscan reducir el peso corporal, que para muchos parece ser más importante que reducir los pensamientos negativos.

3) Una buena alimentación no es una cuestión de dieta sino una cuestión de hábitos. Las dietas tienen una duración limitada, mientras que alimentarse bien es para toda la vida. Una dieta apunta a un objetivo específico, mientras que un hábito apunta a mantener un estado de bienestar psicofísico global: es un estilo de vida.

4) Para cubrir los requerimientos de sustancias básicas, todos los días deberá mantenerse la siguiente proporción aproximada: 50% de vegetales (lechuga, zanahoria, cebolla, tomate, etcétera) y frutas,  20% de cereales (trigo, avena, arroz, centeno, cebada, sorgo, mijo, maíz, etcétera) y legumbres (porotos, lentejas, garbanzos, arvejas, etcétera), 15% carnes magras (vaca, pollo, pescado, cerdo, etcétera), y 15% lácteos (leche, yogur descremado, huevos, quesos). Los veganos y los vegetarianos alteran estas proporciones. Deben preferirse siempre los vegetales y las frutas de estación o de temporada. Si son de otra estación pueden perder sabor y nutrientes. No debe confundirse un nutriente (por ejemplo un mineral o una vitamina), una sustancia (por ejemplo una fruta o un cereal) y un plato (por ejemplo ravioles con tuco, milanesa con papas al horno, una pizza). Un plato es una preparación que incluye varias sustancias, y una sustancia algo que contiene varios nutrientes.

5) Los condimentos hacen que la comida sea más sabrosa. De algunos no se puede abusar mucho, como la sal (cloruro de sodio), y pueden reemplazarse con algunos otros como el orégano, el comino o la pimienta.

6) En la parte líquida de la alimentación jamás debe faltar diariamente el agua común (canilla, soda). El agua permite la hidratación y no puede ser reemplazada por otras bebidas, sean estas más sanas (jugos naturales, licuados, leche, infusiones) o menos sanas (alcohol, bebida gaseosas).

7) Es recomendable consumir cuatro platos diarios cuya cantidad puede estar definida por el alimento que cabe en las cuencas de ambas manos, diferente en cada persona. Eventualmente podrán incorporarse colaciones intermedias de menor tamaño. Un alimento considerado muy sano se convierte en perjudicial si es excesivo.

8) Es mejor comer con hambre real, y no con hambre emocional. El hambre emocional no sacia el hambre sino que hace bajar niveles molestos de ansiedad, además de agregar cantidad de comida innecesaria y, en ocasiones, sentimientos de culpa.

9) Hay alimentos que no necesariamente deben suprimirse pero si evitarse por no contribuir a la buena salud: azúcar blanco, frituras, facturas, golosinas y, en general, alimentos industrializados que contienen conservantes, espesantes, saborizantes y otros que sobrecargan el hígado, los riñones, el intestino y el sistema endocrino.

10) La alimentación no basta para estar bien. Otros hábitos deberán ser incorporados que reemplacen hábitos perjudiciales como el sedentarismo, el tabaquismo o las distorsiones cognitivas. Cuando incorporamos varios hábitos saludables, cada uno fortalece al otro y el círculo vicioso desaparece para generar un círculo virtuoso.

Pablo Cazau