Cómo percibimos la velocidad del tiempo

Por Pablo Cazau

Podemos percibir el tiempo como transcurriendo más velozmente o transcurriendo más lentamente. ¿De qué depende esta percepción? La física relativista ha ofrecido sus propias explicaciones, pero aquí nos atendremos al punto de vista de la psicología de la percepción.

En general, nuestra percepción de la velocidad del tiempo varía en al menos tres casos:

1) Si estamos ocupados o concentrados en alguna actividad el tiempo pasa más rápido, mientras que el aburrimiento o la inactividad pueden hacer las horas interminables.

2) A medida que crecemos percibimos que el tiempo transcurre cada vez más rápido. El adolescente siente transcurrir el tiempo de su vida muy lentamente, mientras que el anciano ve pasar el tiempo de su existencia más rápidamente.

3) Bajo un estrés agudo, puede ocurrir que las personas experimenten que el tiempo se hace más lento. Hace varios años alguien me planteó que estaba muy intrigado –y hasta preocupado-  por algo que le sucedía: en algunas ocasiones en que estaba bajo un fuerte estrés, veía todo a su alrededor en cámara lenta, como si el tiempo transcurriese más despacio. Para tranquilizarlo, le dije que ello no se debía a tumores cerebrales ni a infecciones encefálicas, sino que se trataba de un mecanismo adaptativo de supervivencia.

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Cómo tomamos nuestras decisiones

Tanto si se trata de decisiones cotidianas (“iré en colectivo”) como de otras más trascendentales (“me casaré”), la neuropsicología parece haber demostrado que tomamos nuestras decisiones antes incluso de habernos enterado de nuestra elección.

Las imágenes escaneadas del encéfalo parecen indicar que nuestro cerebro toma decisiones sin consultarnos, y luego de segundos o hasta milisegundos se toma la molestia de avisarnos.

Desde ya, siempre somos nosotros quienes tomamos nuestras decisiones, sólo que en un primer momento lo hacemos a un nivel inconciente y en un segundo momento se hacen concientes. Como desconocemos esas actividades inconcientes, tendemos a creer que la decisión se toma en el momento mismo de hacerla conciente.

El cerebro es nuestra poderosa “máquina” de procesamiento de la información, pero no es perfecta. El proceso de toma de decisiones puede desembocar en al menos dos problemas: a) tomar la decisión equivocada, y b) no poder tomar nunca una decisión, con lo cual la persona vive en una duda permanente como las que podemos ver en las neurosis obsesivas. Por ejemplo, un obsesivo por la limpieza nunca puede decidir que algo está totalmente limpio, con lo cual siempre seguirá limpiando y limpiando, convirtiendo su incapacidad en un síntoma.

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El cerebro humano sigue siendo primitivo

En las épocas primordiales del hombre primitivo los peligros que lo acechaban eran bastante más frecuentes y cotidianos y, consecuentemente, el cerebro estaba muy sensibilizado para detectarlos y reaccionar a ellos.

Hoy en día muchos de aquellos peligros ya no son tan habituales y amenazantes, pero el cerebro sigue funcionando como en aquel entonces. Es decir, sigue identificando peligros allí donde ya no existen más. Veamos algunos ejemplos.

a) Hay quienes sienten una sensación muy desagradable cuando escuchan que alguien arrastra las uñas sobre una superficie como una piedra.. Si bien es hoy algo ridículo, en aquel entonces era una advertencia sobre un animal que arrastraba sus uñas sobre la entrada de la cueva.

b) Hoy el vértigo es una sensación ridícula que hemos heredado de nuestros antepasados, para quienes el vértigo era muy útil porque advertía sobre peligros reales de caídas en las montañas y otros lugares de gran altura.

c) Usted está en su casa donde viven solamente usted y su cónyuge. Sin embargo, se asusta terriblemente cuando su cónyuge se le acerca por detrás silenciosamente y usted lo advierte. Hoy es una reacción ridícula, pero ayer fue una reacción adaptativa frente a peligros cotidianos, por ejemplo durante una cacería.

d) Conocí una persona que cuando atravesaba una situación de estrés, sentía que el tiempo transcurría más lentamente y experimentaba los sucesos como si fueran en cámara lenta. Esto fue muy útil cuando el organismo debía ponerse en alerta ante peligros serios porque de esa manera podía reaccionar mucho más rápidamente. Por ejemplo, podía huir más rápido si veía a un tigre moverse más despacio.

e) Ciertos pensamientos negativos catastróficos que nos advierten de peligros imaginarios hoy son ridículos, pero no lo eran en aquel entonces cuando los peligros reales eran mucho más frecuentes.

Pablo Cazau. Mayo 2018,