Descubrir las emociones

Existen muchas experiencias en la vida que funcionan como espacios de aprendizaje social, donde tenemos la oportunidad de incorporar destrezas para sobrevivir o estar bien.

Con las películas de terror aprendemos cómo lidiar con el miedo, con los partidos de fútbol aprendemos cómo lidiar con los objetos del mundo (en este caso esféricos), y con las telenovelas aprendemos cómo lidiar con el amor, el odio, la envidia o los celos. Y todo ello porque vemos cómo otras personas lidian con estas cosas.

Bailar es otra experiencia de aprendizaje. No hace mucho estábamos bailando con la murga en un corso callejero, cuando una de las bailarinas se acercó muy preocupada a una compañera más experimentada diciéndole: “¿Qué tengo? Se me escapan lágrimas y la piel se me está erizando:¿no estaré enferma?”. Y su compañera le contestó “No. Simplemente estás emocionada”. En este caso, la experiencia le fue útil para lidiar con las emociones cuando la bailarina descubrió que emocionarse no era algo feo sino algo para disfrutar. Y fue un aprendizaje social, aunque en un sentido diferente: porque lo consiguió gracias a la otra bailarina.

 

Pablo Cazau

La ira explosiva y la ira implosiva

La ira o la cólera es una emoción que nos invade cuando vemos que la realidad no es como quisiéramos que fuese y no podemos hacer nada para cambiar la situación.

Hay una ira explosiva y una ira implosiva. En la primera manifestamos abiertamente nuestro enojo, mientras que en la segunda nos mantenemos mucho tiempo calmados… hasta que explotamos. Esta explosión de ira puede incluso terminar como un homicidio u otro comportamiento grave y desusado, razón por la cual resulta más peligrosa que la ira explosiva.

Si esto es cierto, cabría pensar que una terapia para la ira pasaría por transformar la ira implosiva en ira explosiva, de manera que el paciente pudiese ir descargando su enojo y su bronca de una manera más distribuida, más controlada y menos letal. Tal lo que sucede en la comedia “Locos de ira” (2003), donde un paciente que fue durante años muy tranquilo pudo finalmente liberar su ira de una manera más explosiva a partir de las provocaciones de su singular terapeuta.

Pablo Cazau

La regulación de las emociones

El control de las emociones y las emociones mismas siempre ha sido un problema para las personas, y cuando deben resolver este problema pueden adoptar diferentes estrategias que podríamos sintetizar en tres: sofocar las emociones, liberar las emociones, y regular las emociones. Tales estrategias pueden emplearse tanto en las emociones “positivas” (que generan bienestar) como en las “negativas” (que generan malestar).

1) Sofocar las emociones.- Ocurre cuando por ejemplo estamos muy enojados con alguien pero no exteriorizamos nuestro enojo, o bien cuando queremos mucho a una persona pero no se lo demostramos y ni siquiera nos permitimos sentir el amor. No nos detendremos en examinar las posibles causas que llevan a sofocar emociones, y nos bastará saber que casi siempre es un comportamiento inadecuado. Las emociones que hoy sofocamos tarde o temprano volverán, y si no vuelven actuarán desde el inconciente, si fueron reprimidas, e influirán en nuestra conducta sin que podamos advertirlo.

2) Liberar las emociones.- Liberamos emociones cuando expresamos abiertamente y sin tapujos nuestro enojo o nuestro amor. En ciertos casos puede ser considerada una conducta normal y adaptativa. No es lo mismo expresar abiertamente el afecto  mientras hacemos el amor que hacerlo en público en un colectivo.

3) Regular las emociones.- Representa una estrategia intermedia entre la sofocación y las liberación de las emociones, y generalmente es la más adaptativa y aconsejable. Regular una emoción significa liberarla pero al mismo tiempo manejar su intensidad y eventualmente sustituirla por otras emociones. Si estamos enojados con alguien podemos expresar nuestro enojo más moderada o “civilizadamente”. Si experimentamos envidia podemos intentar convertirla en admiración. Si experimentamos una gran alegría podemos expresarla más recatadamente si resulta que estamos en un velorio. Si hemos sofocado nuestra ira podemos liberarla con moderación, no sólo para descargarnos sino para que algún otro se entere claramente que estamos enojados.

Naturalmente, antes de regular una emoción debemos poder identificarla o reconocerla, habida cuenta que a veces experimentamos algo hacia una persona y no sabemos muy bien qué es. En un caso más extremo, algunas personas padecen un trastorno llamado alexitimia, consistente en la incapacidad para identificar emociones propias.

Espero que no se hayan enojado con esta nota.