La paciencia como virtud sanadora

¿Quién no ha padecido viajes interminables de larga distancia, exasperantes embotellamientos de tránsito, ceremonias ridículamente largas, colas que no avanzan nunca, cafés que se vuelcan inexplicablemente sobre tu nuevo traje, insoportables charlas de gente que no te cae bien, o desagradables reacciones de ira de personas tan impacientes como tú?

Es en esos momentos que solemos reaccionar con impaciencia y hasta con ira, ese “pecado capital” que cometemos cuando no podemos tener el control de la situación. Pocas veces sin embargo cultivamos la paciencia, esa “virtud” que nos hace mantenernos tranquilos frente a las adversidades.

Ni hablar si la situación adversa no terminará nunca, como en un enfermo incurable. En tales casos recuerda que el doctor Tiempo te asegura en un 100% el fin de tus padecimientos, y a cambio sólo te pide… paciencia.

¿Por qué nos impacientamos y montamos en cólera? Nuestro primitivo cerebro es el responsable primario, y más concretamente la amídgala, la parte del cerebro que capta peligros y regula emociones. Ella funcionaba muy bien hace miles de años cuando los peligros eran un león hambriento dispuesto a comernos, pero sigue reaccionando del mismo modo frente a situaciones mucho menos peligrosas, como las colas que nunca avanzan.

Según algunos estudios, la paciencia como rasgo de la personalidad trae beneficios para la salud: disminuye la depresión y aumenta la empatía, la generosidad y la compasión, entre otras cuestiones (1).

La cuestión es: ¿estamos condenados o podemos aprender a ser pacientes? La solución no pasa solamente por evitar las situaciones estresantes. A veces tales situaciones no pueden preverse o evitarse, y es en esos momentos donde debemos educar nuestra mente en base a algunas indicaciones útiles como las siguientes:

  1. a) Identifica qué te hacer perder la paciencia. ¿Nos impacientamos con una charla aburrida o nos impacientamos con quien nos llevó a la charla?
  2. b) Acepta lo inevitable de la situación: no puedes tener control sobre ella, pero sí sobre tu reacción frente a ella.
  3. c) Evalúa el grado de peligro de la situación. ¿Es una cuestión de vida o muerte esperar en una cola interminable? Casi seguramente no será una cuestión de vida o muerte, con lo cual comienzas a entender lo exagerado de tu reacción de mal humor.
  4. d) Evalúa el lado positivo de la situación: “hacer la cola en el banco me permitirá acceder a aquel crédito tan esperado”., o “leer este pesado artículo sobre la paciencia me ayudará a ser más paciente”.
  5. e) Prepárate mentalmente antes que aparezca la situación amenazante entrenándote con la meditación, el yoga o cualquier otra herramienta que nos ayude a mantenernos en calma.

Pablo Cazau

(1) http://psycnet.apa.org/record/2007-08907-011

La ira explosiva y la ira implosiva

La ira o la cólera es una emoción que nos invade cuando vemos que la realidad no es como quisiéramos que fuese y no podemos hacer nada para cambiar la situación.

Hay una ira explosiva y una ira implosiva. En la primera manifestamos abiertamente nuestro enojo, mientras que en la segunda nos mantenemos mucho tiempo calmados… hasta que explotamos. Esta explosión de ira puede incluso terminar como un homicidio u otro comportamiento grave y desusado, razón por la cual resulta más peligrosa que la ira explosiva.

Si esto es cierto, cabría pensar que una terapia para la ira pasaría por transformar la ira implosiva en ira explosiva, de manera que el paciente pudiese ir descargando su enojo y su bronca de una manera más distribuida, más controlada y menos letal. Tal lo que sucede en la comedia “Locos de ira” (2003), donde un paciente que fue durante años muy tranquilo pudo finalmente liberar su ira de una manera más explosiva a partir de las provocaciones de su singular terapeuta.

Pablo Cazau

Sobre el enojo, la ira y las emociones violentas

La actualidad, a través de los medios de comunicación, nos dan cuenta de hechos considerados delito en los que interviene la ira de la mano de la agresividad y la violencia.

Qué es la ira?

 

La ira es una emoción natural de respuesta, una reacción que nos permite enfrentar amenazas. Estas amenazas para algunos pueden estar relacionadas con la auto-preservación (cuando los animales o los humanos nos sentimos atrapados o atormentados). También es un modo de respuesta relacionado con la percepción de un daño o trato injusto efectuado de forma malintencionada, cuando han tocado nuestra dignidad.

Veamos cómo es esta emoción:

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