La gestión de los egos

Una de las tareas más arduas de cualquier jefe, líder o director es la llamada gestión de los egos, y así lo ha reconocido el muñeco Gallardo, entrenador de River Plate, en sus últimas declaraciones periodísticas.

Muchas personas que pasan a integrar un grupo humano no saben que deben resignar una parte de su narcisismo individual en aras del buen funcionamiento grupal.

Algunos miembros intentan negociar su talento individual por un puesto donde su ego esté lo suficientemente inflado como para sentirse satisfechos. Pero esta negociación tiene un límite porque nadie es imprescindible y entonces, por ejemplo, un futbolista muy talentoso puede renunciar porque hace rato que lo mantienen como suplente, o un cantante de ópera lo mismo, ofendido porque el director no lo destinó como voz principal sino como acompañante del coro.

Esto no significa necesariamente que el director se haya equivocado en la distribución de roles. Simplemente entiende que es así como el equipo funciona mejor, y si el ego inflado así no lo comprende tiene todo el derecho de renunciar.

Algunos egos inflados aceptan que al principio deban pagar un derecho de piso, pero cuando pasa mucho tiempo sin que lo destinen a la función acorde con sus expectativas narcisistas, comienzan a sentirse mal sin entender que la estrella no son ellos sino el grupo, y sin entender que a veces el grupo sólo necesita una parte de su “gran” talento individual.

Si de hilar fino se trata, el ego inflado debe entender que su narcisismo individual no ha desaparecido sino que parte de él debiera transformarse en un narcisismo grupal que hace que se sienta satisfecho por pertenecer a un grupo valioso. Sólo transfiriendo al grupo parte de su propio narcisismo, el “yo” podrá dejar lugar al “nosotros”.

Pablo Cazau

El narcisismo según Kohut

Los orígenes del narcisismo.- Más allá de las necesidades biológicas, el ser humano tiene también ciertas necesidades psicológicas que, para ser satisfechas, requieren la presencia de otro ser humano. Kohut identifica tres de estas necesidades:

  1. a) Necesidad de ser admirado.- Niños y adultos buscan en mayor o menor medida alguien que los admire, los halague, les diga “qué inteligente eres”, “qué bello eres”, o “qué bien que haces las cosas”. No se trata necesariamente de amor, sino de reconocimiento y admiración. El adulto puede pedir que lo admiren cuando exhibe su fortaleza, su inteligencia o su cuerpo.
  2. b) Necesidad de admirar.- Las personas necesitan también admirar valores o ideales que orienten su vida. Esta necesidad suele encarnarse en una persona-modelo como la madre, el padre, un líder, un ídolo, un maestro, o bien en valores abstractos como ideales de vida: la honestidad, la sabiduría o la templanza. No es infrecuente escuchar en los niños “cuando sea grande quiero ser bombero” o “quiero ser fuerte como mi papá”. Brenda, una niña de 11 años, decía: “a mí me gusta ser la segunda de los hermanos, porque el primero no tiene de quien tomar ejemplos”.
  3. c) Necesidad de compartir.- Todos necesitan también contar con una suerte de gemelo para compartir experiencias, de estar acompañados, de desarrollar juntos proyectos, talentos y aptitudes. El niño lo expresa diciendo cosas como “¿vamos a jugar juntos?” o “papá, ayúdame con esto”, o interactuando con un amigo imaginario. Los adultos aprovechan situaciones donde puedan encontrarse y compartir experiencias con otros.

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